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Educación emocional y prevención del ciberacoso: hacia un enfoque integral en la escuela

Meta Título: Integración de la educación Emocional y prevención del ciberacoso en la escuela

Meta Descripción: Explora cómo la educación emocional puede influir en la prevención del ciberacoso y mejorar la convivencia escolar. Descubre el papel de la inteligencia emocional, la responsabilidad digital y la importancia de la empatía para crear un ambiente educativo más seguro y respetuoso.



Las emociones son un tema frecuentemente discutido, pero su comprensión sigue siendo un desafío. Los sociobiólogos sostienen que las emociones son cruciales para enfrentar situaciones complejas que van más allá de la capacidad del intelecto. Actúan como respuestas inmediatas ante estímulos y han sido fundamentales en la evolución humana. Sin embargo, una gestión emocional inadecuada puede generar problemas tanto a nivel individual como social.


      Desde esta óptica, autores destacados como Goleman (1996), citado en Fundación Convivencia, han introducido el concepto de inteligencia emocional, que se enfoca en el control de los impulsos. Este concepto abarca habilidades sociales clave para una buena convivencia, como la empatía cognitiva y afectiva. La empatía cognitiva implica comprender las emociones ajenas, mientras que la empatía afectiva se basa en la conexión emocional con esas emociones. 


    Para desarrollar la inteligencia emocional es esencial la educación emocional, especialmente durante la infancia y adolescencia. Esta se fundamenta en dos pilares esenciales: la veracidad y la sinceridad. Esto implica abordar con honestidad y claridad las complejidades y desafíos que los niños enfrentan, reconociendo abiertamente sus habilidades y limitaciones. Un aspecto crucial de esta educación es la comprensión de que los obstáculos que los niños experimentan, a pesar de ser intensos, dolorosos y a menudo difíciles de entender, son en realidad los primeros de una larga serie de desafíos que conforman la vida. Por ello, es vital que entiendan estos problemas tempranamente, ya que sientan las bases para enfrentar y comprender los desafíos futuros.


       Desde esta perspectiva, es posible prevenir el ciberacoso a través de programas que se centran en la inteligencia emocional. Los programas más efectivos son aquellos que involucran a toda la comunidad educativa, destacando particularmente por la formación de profesores y estudiantes en la gestión de conflictos y en aspectos específicos del acoso escolar. Esto incluye cómo identificar las señales de que un niño o adolescente está siendo acosado, comprender las diversas maneras en que este problema afecta la convivencia escolar y reconocer los factores que pueden incrementar el riesgo de que un niño o adolescente sea víctima de acoso.


      A su vez, es crucial ayudar a las víctimas a superar su aislamiento. Para lograr esto, se deben implementar estrategias que fomenten la construcción de amistad entre las víctimas y sus compañeros. De igual modo, es fundamental que las familias manifiesten el dolor y la rabia que les produce esta situación de abuso. Así, las victimas tendrán la posibilidad de superar el miedo y la tristeza que les ocasiona la agresión de sus compañeros. El oír a sus padres expresar su rabia por lo que le sucede, puede ayudar al niño o al adolescente a entender que merece respeto, así como el enfado y la rabia son sentimientos legítimos ante lo que padece.


      En cuanto a los agresores, la educación emocional juega un papel vital, enfocándose en el control de la ira y el manejo del estrés, dado que estos factores suelen estar detrás de las conductas agresivas.  La formación de la empatía culmina alrededor de los 12 años de edad. Cuando esta formación es fallida, las emociones como la culpa y la vergüenza cobran gran relevancia, dada su efectividad en conductas prosociales. De acuerdo con Shapiro (1997) citado en Fundación Convivencia, estas emociones son importantes en la formación del carácter, especialmente cuando formas más drásticas han fracasado. La culpa al tener sus raíces en el interior del sujeto, es un motivador moral más poderoso y duradero que la vergüenza. El enfado también es un sentimiento necesario para enfrentar el acoso escolar y es eficaz que la victima lo exprese en presencia de otros. 


      Por su parte, los docentes tienen la responsabilidad de establecer normas claras de convivencia que se basen en el respeto mutuo y la valoración de las diferencias individuales. Estas medidas conjuntas pueden crear un ambiente escolar más seguro y acogedor para todos.


      Hay otro actor dentro del acoso escolar que requiere especial atención en el trabajo de prevención: los testigos. Su comportamiento puede reducir el refuerzo que reciben los acosadores y de esta manera, su motivación par acosar. La perspectiva de los testigos en situaciones de acoso escolar es única y de cierta manera, "privilegiada". Ellos son observadores directos de los acontecimientos: saben quién acosa a quién, cómo se lleva a cabo el acoso y, sobre todo, son capaces de identificar las formas de intimidación más sutiles, que a menudo pasan desapercibidas para los adultos. 


       Los programas efectivos en la prevención del cyberbullying brindan un lugar primordial a los testigos, formándolos y creando espacios de diálogo sobre el tema en el que participan todos los estudiantes y se promueve la corresponsabilidad. Tal es el caso del programa finlandés Kiva, el cual combina lecciones relacionadas con el acoso y sus consecuencias con la interacción de los estudiantes en línea donde debaten, realizan ejercicios, resuelven preguntas sobre el ambiente en la escuela, aprenden habilidades útiles contra el acoso y reportan casos de abuso escolar, enviando un mensaje privado a los responsables del programa en su escuela.

 

      Es fundamental que la escuela integre en su enseñanza los aspectos materiales, simbólicos y tecnológicos que son parte integral de la vida de los estudiantes. Reconocer la amplitud del mundo virtual, que va más allá de las redes sociales y engloba diversos espacios de interacción, es crucial. Por lo tanto, es necesario que este entorno digital esté regido por límites y normas que fomenten el respeto, tanto hacia uno mismo como hacia los demás.


        En el entorno digital, ciertos factores pueden atenuar nuestra percepción del daño, pero esto no debe engañarnos: es una mera cuestión de percepción. De hecho, las acciones y palabras en este ámbito pueden resultar más lesivas que en los espacios físicos. Por lo tanto, es crucial considerar la responsabilidad personal en el entorno digital. Al igual que en interacciones cara a cara, nuestras acciones y palabras en línea conllevan consecuencias. Los avances en la ética digital destacan la importancia de reconocer y abordar estos aspectos.

      En situaciones de ciberacoso, el cuerpo se convierte en un blanco de burla y manipulación. Los medios de comunicación y las redes sociales han contribuido a esta instrumentalización del cuerpo, “los cuerpos son agredidos, caricaturizados, desvirtuados y violentados en el afán mediático de ser aceptado”. (Moreno, 2021, p. 16). Frente a esta realidad, la escuela enfrenta varios retos y desafíos. Uno de ellos es la humanización del cuerpo, reconociéndolo y valorándolo a través de experiencias que fomenten el respeto y la dignidad.

  

       El cuerpo juega un rol esencial en la convivencia, dado que es el medio a través del cual interactuamos y expresamos nuestras experiencias individuales en el mundo. En el currículo escolar, es habitual que áreas específicas asuman la responsabilidad de diseñar y ejecutar propuestas y estrategias que buscan revalorizar el cuerpo como un fenómeno social, cultural y político. “El aspecto pedagógico del cuerpo ha sido minimizado al acondicionamiento; la cultura física al movimiento; o el plano de lo estético a la expresión en actividades delegadas a disciplinas como la educación física o las artes.” (Moreno, 2021, p. 193). Sin embargo, la dignificación del cuerpo podría alcanzar mejores resultados si se estableciera como un objetivo integral de toda la comunidad educativa. Un primer paso podría ser alcanzar consensos sobre cómo nos relacionamos con nuestros cuerpos. Después de todo, las redes sociales reflejan y amplifican las formas de interacción que ya existen en los espacios físicos.

      

      Dedicar una atención especial al cuerpo dentro del currículo significa valorar las emociones, sensaciones y experiencias personales. Reconocer y explorar quiénes somos fomenta la creación de espacios de diálogo basados en el respeto por las opiniones ajenas. Si bien la escuela debe centrarse en aspectos gnoseológicos, no debe pasar por alto el valor formativo de actividades que posibilitan encuentros genuinos y enriquecedores para todos. 




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

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