Diseñar clases con base en el cerebro: ¿moda o aporte real?
- Diana Carolina Cárdenas

- hace 2 días
- 6 Min. de lectura
Neuroeducación en el aula: qué prácticas tienen respaldo científico

Cuando los docentes planifican una clase suelen considerar múltiples aspectos didácticos y pedagógicos: la relación con la temática, su complejidad, los objetivos de aprendizaje, los criterios de evaluación o las habilidades que se busca promover. Sin embargo, con frecuencia estas decisiones se centran en la actividad en sí misma y no siempre en cómo aprende el cerebro. En las últimas décadas, la neurociencia ha aportado hallazgos relevantes sobre los procesos que intervienen en la atención, la memoria, la motivación y la consolidación del aprendizaje. Estos conocimientos ofrecen criterios valiosos para diseñar clases más efectivas.
En este blog revisaré algunos principios del funcionamiento del cerebro relevantes para el aprendizaje y presentaré prácticas pedagógicas que cuentan con respaldo científico, con el fin de distinguirlas de otras estrategias ampliamente difundidas pero que carecen de evidencia.
¿Qué sabemos hoy sobre el cerebro y el aprendizaje?
El aprendizaje modifica estructural y funcionalmente el cerebro. Esta afirmación, sustentada por estudios de neuroimagen y experimentos longitudinales, pone de relieve la responsabilidad ética del sistema educativo en tanto cada experiencia escolar —positiva o negativa— deja huellas en el cerebro de los estudiantes. Por ello, resulta fundamental diseñar clases que estimulen procesos cognitivos profundos, despierten la curiosidad, favorezcan la autonomía y promuevan el bienestar emocional. (Soto, et, al., 2025)
En este sentido, los contextos de alta estimulación cognitiva y afectiva potencian la plasticidad cerebral. Ambientes ricos en lenguaje, interacción social, exploración creativa, resolución de problemas y expresión emocional son más propicios para el desarrollo neuronal que aquellos marcados por la rutina, la memorización mecánica o la ausencia de vínculos.
Estos contextos también favorecen la puerta principal del aprendizaje: la atención. Esta actúa como un filtro que permite seleccionar y priorizar la información relevante del entorno. La emoción desempeña un papel clave en este proceso, puesto que influye directamente en los sistemas atencionales del cerebro. En particular, la dopamina —un neurotransmisor asociado al placer anticipado y a los circuitos de recompensa— favorece la actividad de la corteza prefrontal y facilita la atención sostenida.
Sin atención, la codificación de la información en la memoria se vuelve poco efectiva. En este proceso interviene especialmente la memoria de trabajo, que permite mantener y manipular temporalmente la información necesaria para llevar a cabo tareas cognitivas complejas, como la resolución de problemas, el razonamiento y la toma de decisiones. No obstante, la memoria de trabajo tiene una capacidad limitada y puede verse fácilmente afectada por factores como el estrés, la distracción o la falta de significado del contenido.
El cerebro funciona bajo principios de eficiencia: no procesa toda la información del entorno con la misma intensidad. Existen mecanismos de selección que priorizan aquellos estímulos que resultan más relevantes para el sistema atencional. Entre los factores que captan con mayor facilidad la atención se encuentran la novedad, la sorpresa, el movimiento y el color. (Soto, et, al., 2025)
Por ello, para favorecer aprendizajes profundos resulta fundamental que la clase tenga una estructura clara. Una forma sencilla de organizarla es en tres momentos: inicio, desarrollo y cierre. Esta organización se relaciona con cómo el cerebro procesa y consolida la información.
Diseñar una clase considerando cómo aprende el cerebro
Inicio
El inicio de la clase tiene como objetivo activar el sistema atencional de los estudiantes y disponerlos para el aprendizaje. Desde la neurociencia se sabe que la atención actúa como una puerta de entrada para la memoria: aquello que no logra captar la atención difícilmente será procesado en profundidad.
Para que esta atención pueda sostenerse, es fundamental que el docente genere un ambiente seguro de aprendizaje. Cuando los estudiantes se sienten escuchados y respetados, disminuyen los estados de alerta asociados al miedo o a la presión por el error y se favorece la disposición para aprender. Esto implica promover la escucha entre los compañeros, valorar el esfuerzo, fomentar la curiosidad y comprender el error como una parte natural del proceso de aprendizaje. Asimismo, es importante fortalecer relaciones basadas en el respeto dentro de la comunidad educativa.
Una forma de activar el sistema atencional al inicio de la clase es introducir elementos de novedad o sorpresa. Las experiencias novedosas que no están directamente relacionadas con el contenido académico pueden tener un efecto positivo en la memoria de los estudiantes. Por ejemplo, leer un cuento antes de introducir un tema complejo —como la teoría de la relatividad— puede generar un contexto inesperado que despierte la curiosidad y el interés. Este tipo de estímulos novedosos activa los sistemas atencionales del cerebro y favorece una mayor disposición para procesar y recordar la información que se presentará posteriormente.
Los resultados de un experimento realizado por Rigo et al. (2017) muestran que esto puede ocurrir en el aula. En el estudio, a un grupo de estudiantes de cuarto grado se le leyeron cuentos de la escritora argentina Ema Wolf una hora antes de una clase de ciencias, mientras que otro grupo recibió la clase sin esa actividad previa. Al día siguiente, ambos grupos realizaron una evaluación sobre los contenidos trabajados. Los resultados mostraron que los estudiantes que habían experimentado ese “evento novedoso” previo recordaron con mayor eficacia la información presentada en la clase.
La neurociencia ha demostrado que los procesos cognitivos y emocionales están estrechamente vinculados en el cerebro. Para aprender, es necesario generar en los estudiantes una disposición favorable hacia el aprendizaje, algo que puede lograrse cuando iniciamos la clase con actividades que despierten emociones placenteras. Estas influyen directamente en la atención, la memoria y la motivación.
Aquí conviene hacer una precisión: no es que la escuela haya ignorado históricamente las emociones, sino que muchas de las emociones que promovía estaban asociadas al miedo o a la presión por el error. Hoy sabemos que este tipo de experiencias puede afectar significativamente la atención, la memoria y, en consecuencia, la capacidad de aprender.
Desarrollo
Durante el desarrollo, el estudiante procesa la nueva información y la integra con conocimientos previos. La investigación en aprendizaje ha mostrado que el cerebro aprende mejor cuando puede relacionar lo nuevo con lo que ya sabe, cuando enfrenta desafíos cognitivos y cuando participa activamente en la construcción del conocimiento.
Al iniciar el desarrollo de las temáticas, es fundamental que los estudiantes comprendan con claridad cuáles son las instrucciones y qué objetivos se espera alcanzar. Cuando los estudiantes comprenden qué se espera de ellos y perciben que pueden avanzar hacia una meta, aumenta su motivación para aprender. Desde la neurociencia se sabe que la motivación está vinculada a los circuitos de recompensa del cerebro. La dopamina se libera cuando se anticipa una recompensa o se alcanza un objetivo deseado, generando una sensación de satisfacción que refuerza el comportamiento y favorece la persistencia en la tarea.
Asimismo, es importante garantizar momentos de alta concentración alternados con pausas regenerativas, por ejemplo, en intervalos de trabajo de aproximadamente 25 minutos. Esta práctica, conocida como método Pomodoro, ha sido validada por investigaciones sobre rendimiento cognitivo. El sistema atencional se fatiga fácilmente, especialmente cuando se enfrenta a tareas prolongadas o que requieren un esfuerzo sostenido. (Soto, et, al., 2025)
El modelo de red neuronal por defecto es clave en los procesos de aprendizaje y se activa en momentos de introspección, descanso o pensamiento libre. Se ha asociado con habilidades metacognitivas como la reflexión, la autoregulación y la creatividad. Esto sugiere que el aprendizaje no solo ocurre en la instrucción directa, sino también en los momentos de pausa, de juego, de conexión interpersonal y procesamiento individual. (Raichle, 2015, citado en Soto, et, al., 2025, p. 3568)
Las preguntas abiertas también son claves para incentivar la reflexión y el pensamiento crítico: ¿qué soluciones propondrías para este problema? Invitar a los niños y adolescentes a realizar hipótesis y participar activamente de la construcción del conocimiento favorecen la generación de múltiples rutas de codificación.
Cierre
Finalmente, el cierre cumple una función esencial para consolidar los aprendizajes. Los procesos de recuperación de la información, la reflexión sobre lo aprendido y la síntesis de ideas clave fortalecen las conexiones neuronales asociadas con el conocimiento adquirido.
En esa perspectiva, es importante planificar repasos periódicos de los conceptos clave. Por ejemplo, un día después de la clase, luego tres días más tarde y posteriormente una semana después. Esta técnica, conocida como repaso espaciado, fortalece la memoria a largo plazo. Para que sea efectiva, la recuperación de la información debería realizarse sin ayudas externas, dado que el esfuerzo por recordar fortalece las conexiones neuronales asociadas al aprendizaje. Pedir a los estudiantes que expliquen los conceptos con sus propias palabras también favorece la consolidación del conocimiento.
En este momento también es fundamental la retroalimentación formativa, en tanto permite a los estudiantes revisar su trabajo, evaluar sus propios progresos y realizar ajustes en su proceso de aprendizaje. Esta retroalimentación no solo debe provenir del docente; los pares también pueden convertirse en actores clave. En muchas ocasiones, una explicación ofrecida por un compañero, con un lenguaje más cercano, puede facilitar la comprensión de ideas que inicialmente resultaban difíciles.
Como se ha mostrado a lo largo de este texto, diseñar una clase considerando los aportes de la neurociencia no responde a una moda pedagógica, sino a la posibilidad de favorecer aprendizajes más profundos y duraderos. Comprender cómo aprende el cerebro —así como sus capacidades y limitaciones— permite tomar decisiones más informadas. En este sentido, el desafío para el docente no consiste únicamente en seleccionar contenidos o actividades, sino también en crear las condiciones cognitivas, emocionales y sociales que hagan posible el aprendizaje.
Referencias
Soto, P. M. Z., Soto, C. P. Z., Mena, G. F. P., Yugsi, L. M. M., & Ortega, N. M. P. (2025). Neurociencia del aprendizaje: Estrategias para aprovechar el potencial del cerebro en el aula.
Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, 9(2), 3555-3586.
Rigo, D. Y., de la Barrera, M. L., & Travaglia, P. (2017). Diseñar la clase aportes desde las neurociencias y la psicología educacional.




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