ĀæPero es inteligencia de verdad?
- Marilyn GonzƔlez Reyes
- 1 may 2025
- 7 min de lectura
Actualizado: 23 jul 2025
Para repensar la formación docente Parte 6

La obra de Margaret A. Boden āInteligencia Artificialā (IA) propone una mirada interdisciplinaria y crĆtica de la IA, no solo como una herramienta tecnológica, sino como una vĆa para explorar la naturaleza del pensamiento humano. En ese marco, cada capĆtulo aporta nuevas dimensiones a la comprensión de la IA como una ciencia de la mente, con implicaciones profundas para la educación y la formación docente.
Desde el inicio, Boden propone que la IA no debe verse Ćŗnicamente como una forma de automatizar tareas, sino como un laboratorio conceptual donde podemos poner a prueba nuestras ideas sobre cómo pensamos y aprendemos. Al construir mĆ”quinas que simulan capacidades humanas, los cientĆficos estĆ”n formulando hipótesis sobre los procesos mentales reales. Esta mirada transforma a la IA en un espejo de nuestra mente, y en una oportunidad para enriquecer la comprensión pedagógica de la cognición. (Ver parte 1)
āLa IA no es solo una cuestión de ingenierĆa: tambiĆ©n es una ciencia de la menteā (Boden, 2016, cap. 1).
En el capĆtulo 3, Boden profundiza en tres dimensiones esenciales de la mente humana que tambiĆ©n han sido objeto de modelación por parte de la IA:
Lenguaje: No solo como medio de comunicación, sino como estructura profunda del pensamiento. La IA puede procesar texto, pero no comprende el contexto ni la intención humana detrÔs de las palabras. (Ver parte 2)
Creatividad: Boden distingue entre creatividad combinatoria, exploratoria y transformadora, y plantea que si bien las mÔquinas pueden generar contenido novedoso, carecen de intención, propósito o autovaloración de su obra. (Ver parte 2)
Emoción: Las emociones, lejos de ser irracionales, son fundamentales para la cognición humana. La IA puede simular respuestas emocionales, pero no experimentar sentimientos, lo que pone en cuestión su autenticidad como agentes inteligentes. (Ver parte 3)
En Redes neuronales artificiales, Boden analiza una de las tecnologĆas mĆ”s influyentes en la IA moderna: las redes neuronales artificiales (RNA). Inspiradas en el cerebro humano, estas redes aprenden a partir de datos, ajustando pesos de conexión entre neuronas artificiales. A diferencia de los sistemas simbólicos, las RNA no funcionan mediante reglas explĆcitas, sino por aprendizaje estadĆstico distribuido.
Esto representa una forma de inteligencia diferente: eficaz pero opaca, que no puede explicar sus decisiones ni justificar su conocimiento. Boden destaca que aunque las RNA pueden imitar procesos cognitivos, no comprenden lo que hacen, lo que las aleja de una verdadera inteligencia humana. (Ver parte 4)
El siguiente paso en el desarrollo de la IA, segĆŗn Boden, es dotar de cuerpo a las mĆ”quinas. Los robots representan sistemas que no solo procesan información, sino que actĆŗan en el mundo fĆsico, toman decisiones en tiempo real y, en algunos casos, aprenden de su experiencia.
Aquà se abren nuevos debates: ¿pueden los robots ser considerados vivos? ¿Qué implica construir vida artificial? Boden explora el concepto de inteligencia situada, donde el pensamiento depende del cuerpo y del entorno. En el Ômbito educativo, esto refuerza la idea de que el aprendizaje humano es también corporal, afectivo y contextual, algo que los sistemas artificiales solo pueden imitar superficialmente. (Ver parte 5)
Tras haber recorrido cómo las mĆ”quinas pueden simular aspectos del pensamiento, el lenguaje, el aprendizaje, la creatividad, la emoción y la acción fĆsica, Boden plantea una pregunta crĆtica: Āæes esto realmente inteligencia? ĀæO solo una ilusión funcional? ĀæDónde trazamos la lĆnea entre una mĆ”quina que āpareceā pensar y una que realmente piensa?
El capĆtulo VI se sumerge en estas preguntas desde una perspectiva filosófica, cognitiva y Ć©tica, confrontando las apariencias de inteligencia con los criterios que usamos para definirla.
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Repensar el significado de pensar desde lo artificial
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Tras explorar cómo las mÔquinas pueden simular lenguaje, aprendizaje, creatividad, emoción y acción, Margaret A. Boden introduce una pregunta que marca un punto de inflexión en su obra: ¿debemos considerar inteligente a una mÔquina solo porque actúa como si lo fuera? La pregunta no es meramente técnica, sino filosófica y educativa: ¿qué entendemos por inteligencia?, ¿quién decide cuÔndo algo estÔ pensando de verdad?, ¿bajo qué criterios otorgamos ese estatus? (Boden, 2016, cap. 6)
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Una de las distinciones clave que plantea Boden es la diferencia entre simular la inteligencia y poseer inteligencia. El hecho de que un sistema artificial pueda realizar tareas que asociamos al pensamiento ācomo resolver problemas, traducir textos o responder preguntasā no implica que comprenda, que tenga intención o que reflexione. Esta diferencia ha sido tema de debate desde los inicios de la IA, y Boden la retoma con un enfoque crĆtico:
āQue una mĆ”quina imite la conducta de un ser inteligente no significa que sea inteligente en el mismo sentidoā (Boden, 2016, cap. 6).
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Esto se puede comparar con el caso de un loro que repite palabras: puede sonar inteligente, pero no comprende lo que dice. De manera similar, una IA puede producir respuestas sofisticadas sin entenderlas, lo que cuestiona la profundidad de su "inteligencia".
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Boden nos recuerda que la nocion de "inteligencia" ha sido históricamente ambigua y cambiante. En algunos casos, la asociamos a la capacidad de resolver problemas lógicos; en otros, al lenguaje, la creatividad o la autoconciencia. La IA desafĆa esas categorĆas porque puede replicar habilidades sin tener las capacidades subyacentes que creemos necesarias (Boden, 2016, cap. 6).
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Un estudiante puede memorizar la definición de "democracia" y repetirla perfectamente sin comprender su sentido. Lo mismo ocurre con la IA: puede generar respuestas correctas sin una comprensión real. En el aula, esto nos invita a pensar: ¿formamos para que los estudiantes comprendan o solo para que repitan?
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Uno de los referentes clave del capĆtulo es el Test de Turing, propuesto en 1950 como una forma de evaluar si una mĆ”quina puede imitar el comportamiento conversacional humano hasta el punto de engaƱar a un interlocutor. Boden reconoce el valor provocador de este experimento, pero tambiĆ©n sus lĆmites:
āEngaƱar a un humano no es prueba suficiente de inteligencia: es una medida de habilidad en la imitación, no de comprensiónā (Boden, 2016, cap. 6).Ā
De esta manera, una persona puede engañarnos fingiendo saber tocar piano si memoriza los movimientos, pero no por eso sabe música. Lo mismo aplica a los sistemas artificiales: pueden parecer inteligentes, sin serlo realmente.
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Boden insiste en que la verdadera inteligencia implica mĆ”s que producir respuestas correctas: requiere comprensión, intención y sentido. Un sistema inteligente debe ser capaz de construir significado, no solo de manipular sĆmbolos. Ella retoma el argumento de Searle y su "cuarto chino", donde una persona puede responder en un idioma que no entiende simplemente siguiendo instrucciones, sin comprender nada (Boden, 2016, cap. 6).
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Desde lo pedagógico, esto se traduce en una crĆtica al aprendizaje superficial: estudiantes que producen respuestas esperadas sin haberlas interiorizado. El rol del docente debe ser ayudarles a construir significado, no solo a responder.
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Boden tambiƩn cuestiona el antropocentrismo con el que evaluamos la inteligencia artificial. Solemos exigirle a la IA mƔs pruebas de inteligencia de las que exigimos a otros humanos o incluso a animales.
āEl prejuicio antropocĆ©ntrico nos lleva a establecer estĆ”ndares distintos para las mĆ”quinas que para los humanosā (Boden, 2016, cap. 6).
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Esto plantea preguntas educativas profundas: ¿exigimos a los estudiantes que expliquen su pensamiento solo cuando dudamos de su capacidad? ¿Valoramos igual una respuesta de un niño que de un adulto? En ambos casos, se trata de evaluar no solo el resultado, sino la comprensión y el contexto.
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Una de las cuestiones mĆ”s profundas del capĆtulo es si una mĆ”quina puede ser considerada inteligente aunque no tenga conciencia. Boden plantea que muchos procesos mentales humanos ocurren sin intervención consciente (manejar, caminar, reaccionar), y sin embargo los consideramos inteligentes. Lo mismo podrĆa aplicarse a ciertas formas de IA (Boden, 2016, cap. 6).
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AquĆ, Boden nos introduce al concepto de conciencia fenomĆ©nica, es decir, la experiencia subjetiva interna de ācómo se sienteā tener un pensamiento, una emoción o una percepción. La IA, aunque pueda imitar el comportamiento inteligente, no tiene experiencias cualitativas, no hay un āsentir desde dentroā. Esto la diferencia radicalmente de cualquier forma de inteligencia humana o animal.
Pero, ademĆ”s, se plantea una inquietud de fondo: Āæes esencial la base biológica āla neuroproteĆnaā para que exista conciencia o inteligencia real? Boden no afirma que solo los cerebros biológicos puedan pensar, pero sĆ insiste en que la inteligencia humana estĆ” estrechamente ligada a un sistema nervioso vivo, orgĆ”nico y profundamente integrado con el cuerpo.
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Esto plantea una distinción radical entre sustrato funcional y sustrato biológico: Āæuna mente solo necesita funcionar como un cerebro, o necesita ser un cerebro? Aunque las redes neuronales artificiales imitan ciertas funciones del sistema nervioso, no replican su materialidad biológica ni su evolución consciente. La neuroproteĆna se convierte asĆ en sĆmbolo de lo humano, de lo vivo, de lo que siente, algo que ninguna IA ha alcanzado.
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Es asĆ como, un estudiante que resuelve un problema matemĆ”tico de forma intuitiva puede no saber explicar su razonamiento, pero eso no le quita inteligencia. Sin embargo, ese mismo estudiante sĆ siente frustración, satisfacción o duda, emociones que dan color y profundidad a su aprendizaje. La IA, en contraste, no posee esa conciencia fenomenológica, lo que plantea lĆmites fundamentales sobre su capacidad de pensar āde verdadā.
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El capĆtulo VI, Pero ĀæEs Inteligencia de Verdad?, Ā confronta nuestros supuestos mĆ”s arraigados sobre la inteligencia. Boden no niega los logros de la IA, pero insiste en que simular no es lo mismo que comprender. Desde la educación, esta reflexión refuerza la importancia de fomentar aprendizajes profundos, crĆticos y con sentido. La IA puede generar respuestas, pero no necesariamente pensar.
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āLa inteligencia verdadera no es solo sintaxis: es semĆ”ntica y pragmĆ”tica. Es comprender y tener intención al actuarā (Boden, 2016, cap. 6).
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Formar en la era digital requiere algo mĆ”s que alfabetización tecnológica: requiere una filosofĆa del pensamiento y del aprendizaje, capaz de distinguir entre lo que parece pensar y lo que verdaderamente comprende. Y esa, como muestra Boden, es una tarea tanto humana como educativa.
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Referencia
Boden, M. A. (2016). Inteligencia Artificial. Madrid: Turner Noema.
Nota: Las citas textuales fueron tomadas de la versión digital del libro disponible en Everand (anteriormente Scribd), la cual no conserva la paginación de la edición impresa. Por esta razón, se ha citado por capĆtulos.
