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La Dimensión Emocional en la Comunidad Educativa: Clave para la Convivencia Escolar



En la actualidad, el Ministerio de Educación Nacional de Colombia enfatiza la importancia de la dimensión emocional en toda la comunidad educativa, abarcando a padres de familia, estudiantes y docentes. Esta dimensión emocional se centra en los procesos emocionales, tanto conscientes como inconscientes, que influyen en la vida de todos los miembros de la comunidad educativa y en el proceso de enseñanza-aprendizaje. La formación educativa debe incluir la formación emocional, ya que esta conlleva un saber hacer fundamental para el éxito de cualquier proceso educativo. No se trata solo del diálogo abierto o de la actualización constante de la didáctica, sino también de los mensajes implícitos en las actitudes y vivencias internas de todos los involucrados (Bisquerra Alzina, 2005).

 

Históricamente, la educación ha tenido como eje la formación del ciudadano en valores cívicos, pero este enfoque ha perdido fuerza con el tiempo. La nueva racionalidad responsable e inclusiva debe vehicular valores, actitudes y comportamientos que se inserten en la subjetividad de todos los protagonistas de la comunidad educativa. Padres, estudiantes y docentes deben estar abiertos a la complejidad del mundo humano y permitir que lo humano influya en sus vidas personales y profesionales (Berrocal & Ruiz Aranda, 2008).



 La vida compartida de los estudiantes en el ámbito escolar debe basarse en el respeto y la armonía en sus relaciones. Se espera que los estudiantes sean responsables, cooperativos y respetuosos, pero también deben aprender a regular sus emociones y actuar con empatía y solidaridad. Asimismo, los padres de familia y los docentes tienen la responsabilidad de fomentar un ambiente que propicie estos valores (Bisquerra Alzina, 2005).

 

A través del conocimiento y manejo de sus emociones, y con el apoyo de docentes y directivos, se pueden superar la agresión y la violencia, promoviendo una cultura de empatía y ayuda mutua (Decreto 1965 de 2013). La convivencia se fundamenta en principios de participación, respeto y equidad, desarrollando habilidades cognitivas y emocionales necesarias para el diálogo y la cooperación (Decreto 1965 de 2013).

 

El maestro, como figura central en la educación, debe ser consciente de sus propios sentimientos y necesidades, y desarrollar competencias emocionales para influir positivamente en los demás. Diversas investigaciones sugieren que las competencias emocionales del maestro están vinculadas a un clima escolar más positivo y a comportamientos prosociales en los estudiantes (Berrocal & Ruiz Aranda, 2008).

 

La participación de los padres de familia es esencial en este proceso. Para ello, es importante que los padres se involucren activamente en la vida escolar de sus hijos. Esto puede incluir la asistencia regular a reuniones escolares, la colaboración en actividades educativas y el apoyo emocional en el hogar. Los padres deben fomentar un ambiente de comunicación abierta y confianza con sus hijos, ayudándolos a expresar y gestionar sus emociones de manera efectiva. Además, pueden colaborar con los docentes para identificar y abordar problemas emocionales o de comportamiento, trabajando juntos para crear un entorno de apoyo y comprensión.

 

La metodología ME VEO, desarrollada por la Fundación Convivencia, ofrece un enfoque innovador para transformar la convivencia a través del autoconocimiento y la colaboración ética. Esta metodología promueve la reflexión constante, el autoanálisis y la valoración del ciclo paso-relación, facilitando interacciones armónicas y colaborativas en la comunidad educativa. ME VEO se basa en la premisa de que, para construir una comunidad sólida, es esencial reconocer y valorar a cada individuo dentro de ella. A través de talleres de autoconocimiento, grupos de reflexión, tutorías y análisis de casos, se fomenta el desarrollo de habilidades para conocerse a sí mismos y regular emociones, mejorando así la convivencia escolar (Fundación Convivencia, 2024).

 

La relación educativa es central en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El clima escolar, entendido como el conjunto de emociones, normas y relaciones percibidas en el centro educativo, es influenciado directamente por las emociones de todos los miembros de la comunidad educativa (Berrocal & Ruiz Aranda, 2008). Las relaciones cercanas y emotivas entre docentes, estudiantes y padres de familia son fundamentales para el éxito educativo.

 

El desarrollo de competencias emocionales es vital para la creación de ambientes académicos positivos. Reconocer la importancia de las emociones en la educación y formar a los docentes y padres de familia en competencias emocionales puede generar impactos significativos en la convivencia escolar y en el logro académico de los estudiantes. Es necesario que los proyectos educativos consideren estas competencias como fundamentales para el éxito del proceso de enseñanza-aprendizaje (Bisquerra Alzina, 2005).



 Referencias

 

 

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