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El aprendizaje en la convivencia

Actualizado: 4 may 2023

El descubrimiento del otro pasa forzosamente por el descubrimiento de uno mismo; por consiguiente, para desarrollar en el niño y el adolescente una visión cabal del mundo la educación, tanto si la imparte la familia como si la imparte la comunidad o la escuela, primero debe hacerle descubrir quien es. Solo entonces podrá realmente ponerse en el lugar de los demás y comprender sus reacciones. Delors, Jacques (1994). "Los cuatro pilares de la educación", en La Educación encierra un tesoro.


No es lo mismo aprender para convivir que convivir para aprender (Rubio David Andrés, 2013), esta fue la hipótesis inicial del equipo de pedagogía de la Fundación Convivencia en 2013, planteada en la Revista de Educación de la entidad en su No 2, donde se analiza el tema desde dos posturas, la primera de ellas explora las bases que fundamentan la educación, entendida de acuerdo con las fuentes consultadas cómo sinónimo de aprendizaje en las políticas públicas nacionales e internacionales y la segunda se enfoca en temas en los que subyace tensión: desarrollo, cooperación, convivencia y aprendizaje.

En síntesis, se sugieren tres tendencias tanto a nivel nacional como internacional, frente al propósito de la educación así: educar para el desarrollo; para el fortalecimiento de la democracia y para fortalecer la ciudadanía, todas ella para lograr un fin mayor. Frente a estos aspectos es importante mencionar, por ejemplo, en lo que respecta al tema educar para el desarrollo, la postura del informe McKinsey (Barber y Mourshed, 2008) y la del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2012), la primera se inclina al “mejoramiento de la calidad de la educación” desde el desempeño cognitivo mientras que la segunda propone el desarrollo de habilidades emocionales, ambas basadas en los resultados de las pruebas internacionales como mecanismo indicador de la “calidad educativa”.

En 2020 el BID publicó Educar para la vida: El desarrollo de las habilidades socioemocionales y el rol de los docentes, documento en el que enfatiza “los niños, niñas y jóvenes necesitan desarrollar habilidades socioemocionales para tener éxito personal y profesional en el siglo XXI” y considera que “si bien se han registrado avances”, se deben tener en cuenta cuatro desafíos: definir claramente en los estándares de aprendizaje qué habilidades socioemocionales se deben desarrollar en cada sistema educativo y los niveles de logro esperados; desarrollar mediciones que permitan realizar un diagnóstico sobre las habilidades socioemocionales de los estudiantes y monitorear los avances; establecer orientaciones y estrategias para apoyar a la comunidad educativa a implementar los estándares de aprendizaje y desarrollar las habilidades socioemocionales en la escuela; y apoyar a los docentes para que desarrollen habilidades socioemocionales y cuenten con prácticas pedagógicas para desarrollarlas en sus estudiantes, a través de la formación inicial y en servicio.

Ahora bien, desde la relación aprendizaje – democracia las posturas se dirigen a la lógica del capital humano en tanto que se considera “Desde hace mucho tiempo se sabe que una mejor educación es fundamental para la productividad social y global y para el bienestar personal y general” (Mourshed, Chijioke y Barber, 2012: p. 5) y para el caso del BID, un sistema educativo de calidad debe buscar el “desarrollo pleno de las destrezas que los estudiantes requieren para aspirar a tener un desempeño exitoso en la vida productiva después de las aulas” (BID, 2012: p. 184) “vida productiva” que a su vez está determinada por la ubicación del sujeto en el mercado laboral. (Rubio David Andrés, 2013)

En tanto que, frente al fortalecimiento de la ciudadanía, la escuela tiene la misión de realizar “una mejor preparación de los jóvenes para su ingreso a la vida adulta, plagada de rápidos cambios y creciente interdependencia global.” (Barber y Mourshed, 2008: p. 5), cómo se indica en el artículo, “el fin de la educación es ser un medio para el logro de objetivos integrales que se valoran superiores a ella” (Rubio David Andrés, 2013)

De cierta manera, la escuela facultaría a los estudiantes para convivir con los otros, sin embargo, no es clara, ni sencilla la relación entre convivencia y aprendizaje. Organismos nacionales e internacionales a inicios del siglo XXI proponen de forma acuciosa la necesidad de orientar la educación más allá del tema económico, dándole relevancia al convivir en comunidad. Para 1996, la Unesco propone en “La Educación encierra un tesoro” los cuatro pilares de la educación, dentro de los cuales se menciona el descubrimiento del otro, la otredad “que pasa forzosamente por el descubrimiento de uno mismo” y que construye un “somos” como valor posible desde la ética cívica. La subjetividad se expone en espacios de contacto donde se da el encuentro con otros, produciéndose el intercambio intersubjetivo, en la otredad no es suficiente reconocer, valorar al otro, debe involucrar una actitud del cuidado del otro.

La relación entre la convivencia y el aprendizaje, dentro de las políticas educativas, la expectativa de lo que debe suceder en la escuela, el enfoque de diversas corrientes pedagógicas, conlleva a un “vivir juntos” que es posible pensarse desde la la importancia de procesos de aprendizaje que contribuyan en el mejoramiento de relaciones intersubjetivas, que a su vez conduzcan a la cualificación de la convivencia entre las comunidades comprometidas con el aprendizaje; y de otro, que a través de procesos que estimulen la cooperación y la convivencia entre sujetos, sea posible potenciar procesos de aprendizaje que, a su vez, contribuyan en la constitución de subjetividades para poder convivir. (Rubio David Andrés, 2013)


Referencias
  • BID (2012). Desconectados: Habilidades, educación y empleo en América Latina/Marina Bassi, Matías Busso, Sergio Urzúa y Jaime Vargas, autores. Fondo de Cultura Económica.

  • Barber M., Mourshed, M. (2008). Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos. McKinsey & Company. Serie de documentos PREAL, No. 41. Coombs, P. (1971). La crisis mundial de la educación. Barcelona: Ediciones 62 S.A.

  • Delors, J. et al. (1996). La educación encierra un tesoro. Santiago: UNESCO.

  • Mourshed, Chijioke y Barber (2012). Cómo continúan mejorando los sistemas educativos de mayor progreso en el mundo. McKinsey & Company. Serie de documentos PREAL, No. 61

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