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Trabajo colaborativo – contar con el otro

Actualizado: 4 may 2023

En la sociedad se observa cada vez con mayor frecuencia la necesidad de formar personas capaces de trabajar con otros, los alumnos que saben trabajar de manera colaborativa obtienen mejores resultados, alcanzan mayores logros, se interesan de manera auténtica por sus compañeros sin importar sus diferencias culturales o intelectuales, desarrollan una salud mental, emocional y social que les ayuda en el crecimiento e integridad personal. MAGALLANES, J. (2011:39).



En 2016, el equipo pedagógico de la Fundación Convivencia – Centro de Investigación Educativa, desarrolló una investigación sobre el Trabajo en Equipo, la cual se centró en la construcción de un archivo procedente de agencias internacionales como OCDE y UNESCO, así como de las elaboraciones en materia de política, a través del Ministerio de Educación Nacional, localizados fundamentalmente en la primera década del siglo XXI.

La perspectiva arqueológica empleada, permitió mostrar cómo el trabajo en equipo es un discurso constructor de verdad en el ámbito de la educación, aun cuando los resultados alcanzados y de los que se da cuenta muestra que se trata de una verdad “vacía” o “sin contenido”.

En términos generales el trabajo en equipo aparece en los documentos de las entidades gubernamentales y de los organismos de cooperación internacional o multilateral, como una intencionalidad, un contenido (competencia o habilidad) o una metodología propia de las propuestas educativas, asociado principalmente a los procesos de aprendizaje.


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Dentro del trabajo de investigación de la Fundación Convivencia se constato que en los discursos educativos más contemporáneos, el aprendizaje se ha ido constituyendo en el horizonte de la educación, y de manera menos evidente, la cooperación de los equipos como un medio para lograrlo. En este marco, se entiende el Trabajo en Equipo como una estrategia de cualificación de los aprendizajes.

Siendo el aprendizaje el telos de la acción educativa, necesariamente, y a la vez, la enseñanza ha ido perdiendo su lugar, o la menos debilitándose en los discursos educativos y por lo tanto, en su acción política. La relación entre enseñanza y aprendizaje ha profundizado su escisión, en tanto ha tendido a desaparecer uno de los dos elementos de la relación; en algunos de estos discursos se espera que el trabajo en equipo se constituya en una forma del “aprendizaje colectivo” que vaya haciendo prescindible la enseñanza, y a la vez al sujeto que la tiene como oficio: el maestro. Resulta deseable, que “los miembros de un equipo aprenden lo que el profesor les enseña y contribuyen a que lo aprendan también sus compañeros de equipo” (UNESCO, 2011, p. 26).

De acuerdo con Heredia en “El trabajo en equipo como competencia, competencia para trabajar en equipo. Dos enfoques desde la trayectoria de la Fundación Convivencia”, el trabajo en equipo puede llegar a constituirse en una herramienta valiosa en el aula, y en la educación en general desde el punto de vista de la planificación. Ya sea como alternativa pedagógica o como competencia para el aprendizaje, la Fundación Convivencia ha escalado en la búsqueda de una visión más amplia y compleja del trabajo en equipo, que involucra los consensos, pero también los disensos; un lugar que no limita la crítica y el debate, un escenario que no cercena al sujeto en su expresión multidimensional: “En los grupos, los seres humanos tratan con todas sus controversias, contradicciones y confusiones en la vida. Portan sus esperanzas, temores, creencias, valores y ambiciones que conlleva la vida en equipo.” (Estrada 2005: p. 3).

Es así como, el trabajo en equipo se referencia como metodología, basando su argumentación en los discursos que ubican los estudiantes como centro gravitacional de la educación, donde trascienden su lugar de aprendices, educandos, o discípulos, para convertirse en aprendices-enseñantes-cooperadores. Desde estas perspectivas se esperan que los estudiantes con el trabajo en equipo alcancen el resultado final en términos del “aprendizaje”, y por sí mismos logren las metas curriculares, que ya no son de exclusividad del maestro.

Esta tendencia toma forma en prácticas donde el maestro o la maestra no son los únicos que enseñan, sino que también lo hacen los estudiantes en pequeños equipos de trabajo cooperativo, donde puedan “enseñarse” mutuamente, “a cooperar y ayudarse a la hora de aprender”. (FC, 2016: p. 19). Sin embargo, en los documentos de política que soportan la enseñanza de las disciplinas, no es fuerte esta tendencia.

Desde este encuadre narrativo, aprendizaje- trabajo en equipo-colaboración, la acción del maestro se configura, principalmente en torno a la gestión de aula y organizador de equipos para el aprendizaje. Una posible consecuencia ha sido el debilitamiento de las tradicionales fronteras entre enseñantes y aprendientes, lo cual ha sido agenciado por las políticas educativas actuales bajo propuestas asociadas con el autoaprendizaje, aprendizaje colaborativo, social, etc. La reconfiguración de la relación enseñanza-aprendizaje ha puesto en tela de juicio su basamento construido desde la relación saber – poder, donde el maestro no es el único que sabe ni que enseña.

Si bien, esto puede llegar a ser un resultado satisfactorio ante la tradicional crítica de desestructurar las relaciones de poder en la escuela, la otra comienza cara también pone ha puesto sobre la escuela algunos efectos complejos relacionados con la “función adulta” en la escuela, y de allí su relación con la enseñanza y la formación de los “nuevos del mundo” (Arendt, 1951), las formas de su autoridad y las posibles formas de relación con el conocimiento, los saberes, los sujetos y su oficio: la enseñanza.

El aprendizaje cooperativo se entiende no solo como un método o un recurso especialmente útil para aprender mejor los contenidos escolares, sino que es, en sí mismo, un contenido curricular más que los alumnos deben aprender y que, por lo tanto, se les debe enseñar. (UNESCO, 2004, p. 27).

La investigación reporta que el trabajo en equipo se ha centrado en el aprendizaje, desde un escenario individual, instrumentalizando el mismo. La idea ahora es proponer que el trabajo en equipo no sea exclusivamente para generar líderes, sino que cualquier sujeto se entienda a sí mismo, como parte de una colectividad y su realización implique contar con el otro.

Se hace necesario revisar las competencias inter-personales e intra -personales que requieren los estudiantes para participar en la vida económica, social, cívica en el siglo XXI, en “Enseñanza y aprendizaje en el siglo XXI” se plantea, en cuanto a las Habilidades inter – personales, trabajar con otros para alcanzar propósitos compartidos se reconocen: destreza de colaboración en grupo (comunicación, colaboración, trabajo en equipo, cooperación, coordinación, habilidades interpersonales, empatía (ponerse en el lugar del otro) toma de perspectiva, confianza, orientación al servicio, resolución de conflictos y negociación) y liderazgo (responsabilidad por metas mayores que las propias, comunicarse de forma asertiva, poderse presentarse adecuadamente a los demás y poder ejercer influencia sobre un grupo)

En este sentido, se rompen la pretensión egocéntrica de someter y acallar a la diferencia, la vida en comunidad es animada gracias al intercambio de narraciones que robustecen nuestra mirada, el estar en comunidad demanda la confrontación y el desacuerdo, pero también requiere capacidad de escucha para alcanzar el encuentro, este último interpretado como una fusión de horizontes abierta al cambio, es decir, el encuentro no es unanimidad. (Delgado, 2014, p 11)


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