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Neuromitos en Educación: Principios de Neurociencia Educativa para la Aplicación Pedagógica

La incorporación de la neurociencia en el ámbito educativo ha favorecido la difusión de conocimientos sobre el aprendizaje, así como la persistencia de neuromitos que inciden en prácticas pedagógicas poco efectivas. Este artículo examina dichas creencias desde el marco de la neurociencia educativa y articula principios neurobiológicos del aprendizaje con su aplicación pedagógica. Asimismo, se analizan procesos cognitivos como la atención, la memoria y la motivación en la consolidación del conocimiento, con el fin de fundamentar el rol del docente como mediador del aprendizaje en el diseño de entornos educativos basados en evidencia científica.


Registro de actividad cerebral mediante electroencefalografía, técnica utilizada en la investigación neurocientífica para el estudio de procesos cognitivos.


La creciente incorporación de la neurociencia en el ámbito educativo ha generado importantes expectativas en torno a la posibilidad de comprender con mayor precisión los procesos implicados en el aprendizaje. No obstante, esta aproximación también ha propiciado la difusión de interpretaciones erróneas o simplificaciones excesivas de los hallazgos científicos, conocidas como neuromitos (Royal Society, 2011). Estos constituyen creencias ampliamente aceptadas en los contextos educativos que, pese a carecer de respaldo empírico, han influido de manera significativa en el diseño de prácticas pedagógicas y en la formulación de políticas educativas (Amaral & Guerra, 2022).


Entre los neuromitos más difundidos se encuentran la creencia de que solo se utiliza el 10% del cerebro, la supuesta predominancia funcional de uno de los hemisferios cerebrales o la existencia de estilos de aprendizaje como vías diferenciadas y exclusivas para la adquisición del conocimiento. Estas concepciones no solo distorsionan la comprensión del funcionamiento cerebral, sino que también promueven prácticas educativas poco efectivas, basadas en la fragmentación del aprendizaje y en la reproducción mecánica de la información. En contraste, la evidencia neurocientífica ha demostrado que el cerebro opera como un sistema altamente integrado, en el que el aprendizaje se produce mediante la reorganización dinámica de sinapsis, circuitos neuronales y redes interconectadas distribuidas en distintas áreas cerebrales (Amaral & Guerra, 2022).


Desde esta perspectiva, comprender cómo aprende el cerebro implica reconocer que el aprendizaje no consiste únicamente en la transmisión de contenidos, sino en la modificación estructural y funcional de las redes neuronales a partir de la experiencia. Procesos como la atención, la emoción, la motivación, la memoria y las funciones ejecutivas desempeñan un papel fundamental en esta reorganización sináptica, por lo que su consideración resulta indispensable en el diseño de experiencias educativas significativas. En consecuencia, desmontar los neuromitos no representa únicamente un ejercicio teórico, sino una condición necesaria para orientar la práctica pedagógica hacia principios educativos coherentes con la naturaleza biológica del aprendizaje.


La aplicación de la neurociencia en el aula supone, en este sentido, un cambio de paradigma en la concepción del proceso educativo. Mientras que los modelos tradicionales de enseñanza han privilegiado metodologías centradas en la repetición mecánica o en la realización simultánea de múltiples tareas, la investigación neurocientífica ha demostrado que el cerebro no posee la capacidad de realizar multitarea, sino que alterna rápidamente el foco atencional, lo cual incrementa el esfuerzo cognitivo y disminuye la eficacia del aprendizaje (Amaral & Guerra, 2022). Asimismo, la consolidación de la información requiere tiempo para que las conexiones sinápticas se estabilicen en redes neuronales duraderas, lo que cuestiona prácticas pedagógicas basadas en la acumulación intensiva de contenidos en periodos reducidos.


En este marco, el aprendizaje significativo se ve favorecido cuando las nuevas informaciones se integran con conocimientos previos, fortaleciendo las conexiones neuronales existentes y facilitando su almacenamiento en la memoria a largo plazo. Del mismo modo, las actividades que implican la participación activa del estudiante estimulan múltiples circuitos neuronales y generan representaciones mentales más consistentes del conocimiento, especialmente cuando se desarrollan en contextos de interacción social y resolución de problemas. La incorporación de estrategias como el aprendizaje activo, el trabajo colaborativo, el espaciado de la práctica o el desarrollo de habilidades metacognitivas permite al estudiante asumir un rol más autónomo en la regulación de su propio aprendizaje, favoreciendo la planificación, supervisión y evaluación de sus procesos cognitivos (Amaral & Guerra, 2022).


En consecuencia, el rol del docente adquiere una nueva dimensión dentro del proceso educativo, al dejar de ser concebido como un simple transmisor de información para convertirse en un mediador del aprendizaje. Desde la perspectiva de la neurociencia educativa, el docente actúa como agente de cambio neurobiológico al proporcionar los estímulos, las interacciones sociales y las experiencias necesarias para la reorganización neuronal que sustenta la adquisición del conocimiento (Amaral & Guerra, 2022). Su función se orienta, entonces, hacia el diseño de entornos de aprendizaje que promuevan la motivación intrínseca, el desarrollo de funciones ejecutivas y la autorregulación del estudiante, trascendiendo el modelo tradicional de enseñanza basado en la transmisión de contenidos hacia una práctica pedagógica fundamentada en evidencia científica. (¿Qué dice la neurociencia que realmente le sirve a un docente en el aula?=


De este modo, el análisis de los neuromitos en educación no solo permite identificar prácticas pedagógicas sustentadas en concepciones erróneas del aprendizaje, sino también fundamentar la necesidad de integrar los aportes de la neurociencia en el diseño de estrategias didácticas coherentes con el funcionamiento cerebral. Esta articulación favorece el desarrollo de experiencias educativas que promuevan la reorganización neuronal y el desarrollo cognitivo del estudiante, situando al docente como mediador de procesos de aprendizaje que responden a la complejidad de las demandas educativas contemporáneas.



Referencias

Amaral, A. L. N., & Guerra, L. B. (2022). Neuroscience and education: Looking out for the future of learning. Brazilian Social Service for Industry (SESI).https://www.portaldaindustria.com.br/sesi


The Royal Society. (2011). Neuroscience: Implications for education and lifelong learning (Brain Waves Module 2). The Royal Society.https://royalsociety.org/topics-policy/projects/brain-waves/

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