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Convivencia escolar más que una ley

Actualizado: 4 may 2023

Acercarnos a otras personas que hablan, piensan, sienten, gozan y se comunican de manera diferente, y que seguramente tienen otras estéticas en torno al cuerpo, a la palabra y a los sueños, podría ser el propósito de la convivencia escolar. Mireya González Lara


Cuando se habla de convivencia escolar se hace necesario referenciar las diferentes leyes que han intentado reducir los niveles de acoso escolar y de violencia sexual en el entorno de los establecimientos educativos, así como otras problemáticas que afectan a los estudiantes, Ley 115 de 1994, más conocida como Ley General de Educación, Ley 1098 de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia). Para 2013 el Gobierno nacional promulgó la Ley 1620 de 2013 y su Decreto Reglamentario 1965 de ese mismo año, los cuales configuran el Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para el Ejercicio de los Derechos Humanos, Sexuales y Reproductivos, asignando ciertas responsabilidades y retos a los diferentes actores que lo conforman y reafirmando un determinado número de derechos sobre dichas temáticas.

Este Sistema de Convivencia acogió, sin mayor novedad, las disposiciones de la Leyes vigentes, “al retomar muchas cosas, que estaban puestas en el anaquel sin que hubiera una respuesta del sector educativo, ni tampoco de otros sectores, en esa necesaria corresponsabilidad que tiene que existir para estos propósitos” (Varela, 19 de julio de 2013)

Hoy a casi diez años de promulgada la ley 1620, las estadísticas evidencian que la norma no se corresponde con la realidad social. Así lo demuestran las cifras, por ejemplo, el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana publicó el Índice de Exposición al Bullying, que creó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), cuyo hallazgo más relevante, tiene que ver con que Colombia es el segundo país con mayor exposición al bullying, frente a los otros países miembros y aliados de esta organización (Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Uruguay, entre otros) solo detrás de República Dominicana.

Se destacan estadísticas como:

· 32% de los estudiantes en Colombia reportó en la prueba PISA haber sufrido cualquier tipo de bullying en su colegio, comparado con el promedio de la OCDE que es del 22%.

· 12.2% de estudiantes indicó que otros estudiantes le robaron o destruyeron cosas que le pertenecían, cuando el promedio OCDE es de 6.6%

· 11.2% indicó que fue golpeado o empujado por otros estudiantes, cuando el promedio OCDE es de 7%.

· 15.9% indicó que otros estudiantes lo dejaron afuera de cosas a propósito, el promedio OCDE es 8.7%.

· 18.1% indicó que recibieron burlas de parte de otros estudiantes, el promedio OCDE es de 13.7%.

· 10.6% indicó que fue amenazado por otros estudiantes. El promedio OCDE es de 6.2%


Otro tema es el aumento de embarazos en niñas y adolescentes, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) en los resultados de las Estadísticas Vitales con datos completos del 2021, para este año se registraron en Colombia 4.708 nacimientos en niñas de 10 a 14 años. Este número representa un aumento del 11 por ciento con respecto al 2020, cuando se registraron 4.243.

Así mismo, la Dirección Nacional de Defensoría Pública, con el Grupo de Representación Judicial de Víctimas, informó que solo durante 2021 recibió 30.048 casos por delitos cometidos contra menores de edad: el 34,1 % por actos sexuales contra menores de 14 años; el 23,7 % por acceso carnal con menor de 14 años y el 16,1 % de los casos tuvieron que ver con inasistencia alimentaria. (El Tiempo 4 de marzo de 2022)

Haber estado en esos lugares en mi adolescencia buscando a mi padre en un montón de cadáveres me hizo decir «este país está mal». Este país no puede permitir que más jóvenes sigamos viendo cadáveres como si fueran animales tirados en un hueco. Esas imágenes que le quedan a uno en la cabeza, yo quisiera que nunca en la vida nadie, ninguna persona, las tuviera que vivir. Sebastián, niño campesino desplazado a los once años de Lejanías, Meta. (Informe Final CEV – Capítulo Niñas, Niños y adolescentes)

En el escenario actual la inclusión en la sociedad civil de los niños, niñas y adolescentes que participaron directamente del conflicto armado interno supone un reto mayor en contextos complejos y de exclusión social, ya que se deben ofrecer las condiciones necesarias para garantizar el retorno y la educación de dicho grupo históricamente vulnerado.

¿Cuál es el lugar de la escuela? No hay fórmulas para convivir con los otros; solamente podemos hacer de la escuela un gran laboratorio social donde cada uno tengamos la oportunidad de manifestar lo que nos incomoda, nos interpela o nos da miedo de los otros. Señala Mireya González Lara, en el artículo “La Dirección escolar y la diversidad: A tres voces y tres miradas” publicado en La Revista de Educación Fundación Convivencia No 11. En este texto, construido a partir de la entrevista a tres rectores de Instituciones educativas (Colegio El Salitre, Instituto Pedagógico Nacional y Escuela Normal María Montessori) se presenta una mirada desde adentro, es así como:

Los tres directivos coinciden en afirmar que hay opciones al proceso de “judicialización de la convivencia”; “otros directivos hemos favorecido la construcción de comunidad a partir de la convivencia cotidiana; en ella se regula la norma entre los chicos, entre pares, con los docentes y los padres y madres de familia”. Alejandro Álvarez Gallego (entonces rector del Instituto Pedagógico Nacional), resaltaba la importancia de trabajar a favor de la constitución de comunidades, por ejemplo “el día de la familia ahora lo llamamos de la comunidad; adicionalmente, tenemos un proyecto de bienestar que está trabajando con los muchachos la creación de comunidades no por cursos ni por grados, sino revueltos”. (González, 2016, p. 8)

Para la constitución de comunidad se hace necesario de acuerdo con el profesor Dino Segura “dos criterios que considera fundamentales y que ubica en Amarilis de León, quien trabaja con Alfredo Ghiso, docente e investigador social argentino. “El primer problema es el límite de la individualidad, que está dado por el reconocimiento del respeto con respecto a los otros…reconocer al otro en todas sus dimensiones y posibilidades conduce a respetar las ideas ajenas”. El segundo límite se refiere al colectivo “hay un respeto a las normas creada por el colectivo, que son las que conducen a la convivencia”. (López, 2016, p. 52)

A ese respeto, de acuerdo con el rector Armando Calderón, “…estamos llamados a tener un pensamiento amplio, una visión del mundo compleja tal como es la sociedad y como son los colegios; una visión donde quepan todas las demás visiones, para poder trabajar en conjunto, porque y si no, ¿cómo hacemos?”. (González, 2016, p. 8)

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