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Integrando la Inteligencia Emocional al currículo: estrategias y beneficios



El tema de la inteligencia emocional en el currículo no tiene un enfoque unificado debido a la diversidad de teorías existentes. Sin embargo, a pesar de esta variedad, algunas ideas clave son comunes en varias de las propuestas revisadas.


Es fundamental iniciar la educación emocional desde los primeros años de vida, puesto que desarrollar habilidades emocionales tempranamente facilita su integración y aplicación en una amplia gama de situaciones. La interacción dinámica entre los procesos cognitivos y las experiencias emocionales es crucial, pues se entrelazan y se potencian mutuamente. Existe un acuerdo general entre los especialistas sobre la relevancia de cultivar la capacidad de identificar, comprender y manejar las emociones, considerándolas pilares clave de la inteligencia emocional. Para los educadores, es imperativo practicar la autoreflexión sobre su propio comportamiento y el efecto que este tiene en el crecimiento emocional de los alumnos. Asimismo, enseñar sobre emociones mediante vivencias auténticas, interacciones llenas de significado y un lenguaje corporal que promueva la gestión adecuada de las emociones.

La integración de la inteligencia emocional en el currículo comprende competencias emocionales, por esa razón, exploraremos el concepto de competencia emocional desde distintos autores. De acuerdo con Salovey & Mayer (1990) esta es entendida como la facultad de decidir cómo expresamos nuestras emociones y de utilizar diversos recursos para ello. Asunto que subraya la necesidad de un conocimiento de las propias emociones y las ajenas, la capacidad de responder adecuadamente ante las emociones de otros, una interacción consciente con los estímulos externos y el dominio de habilidades socioemocionales clave, como la empatía, la escucha activa y la confianza. 


Por otra parte, Saarni (citado en Sala & Barca, 2022) desde la perspectiva del desarrollo emocional y del constructivismo social, define la competencia emocional como la capacidad de una persona para manejar y aplicar sus emociones de manera que faciliten las interacciones sociales. 


De esta manera, plantea que las habilidades que constituyen la competencia emocional son:  1) conciencia del propio estado emocional, 2) habilidad para discernir las emociones de los otros, 3) habilidad para usar el vocabulario emocional, 4) capacidad de entender y compartir los sentimientos de otros, 5) Reconocimiento de que los sentimientos internos no siempre se reflejan en las expresiones exteriores y que la manera en que mostramos nuestras emociones puede influir en los demás, 6) Competencia para manejar situaciones desagradables o de estrés, 7) Conocimiento de que la dinámica de las relaciones se basa en el compromiso emocional y la reciprocidad entre los participantes, 8) Confianza en la propia habilidad emocional, que incluye la aceptación de las propias emociones y la conciencia de que estas se alinean con el estado de equilibrio emocional deseado.


Partiendo de los contenidos de inteligencia emocional y de las competencias emocionales de distintos modelos, este autor plantea categorías de análisis de los contenidos en inteligencia emocional:

  • Aceptación personal: Esta categoría abarca el desarrollo de la identidad y el reconocimiento y aceptación de uno mismo, lo que incluye la aceptación de nuestras cualidades y defectos como capacidades y limitaciones. Esta categoría tiene una conexión estrecha con la autoestima, que se refiere a la valoración positiva que uno tiene de sí mismo, incluyendo el sentirse seguro y confiado, y la autoconsideración, que es la habilidad de tener respeto por uno mismo. La formación de esta dimensión está significativamente influenciada por el entorno familiar y escolar, dado que son espacios clave donde el individuo forma relaciones con sus pares y aprende a socializar.

  • Autoconciencia emocional: capacidad de identificar y entender los propios sentimientos y emociones, reconociendo sus orígenes y evaluando la relación entre las experiencias emocionales internas y los eventos.

  • Resolución de conflictos: Capacidad de reconocer y precisar desafíos que impactan en el bienestar emocional, junto con la habilidad para idear soluciones, tomar decisiones y ponerlas en práctica. Esta competencia está vinculada con el interés de enfrentar los conflictos directamente, en lugar de eludirlos.

Entre las habilidades sociales, destaca: 

  • Asertividad: Habilidad para expresar y sostener las propias opiniones de manera respetuosa hacia los demás, evitando la agresividad o la pasividad. 

  • Expresión emocional: La capacidad de transmitir de manera efectiva y en el momento oportuno las propias emociones, sentimientos y preocupaciones, asegurando que la comunicación sea pertinente y adecuada a la situación.

  • Reconocimiento y aceptación de la diversidad: Esta habilidad implica ser capaz de identificar y respetar las diferencias individuales de los demás. Es un aspecto clave en la socialización, especialmente en la infancia, para fomentar el desarrollo de actitudes de respeto y tolerancia. 

  • Creación y mantenimiento de relaciones: Capacidad para formar y sostener relaciones interpersonales gratificantes, caracterizadas por la cooperación y solidaridad y la disposición para aceptar las expresiones emocionales de los demás. 

  • Comunicación de soporte y afirmación: Habilidad para expresar apoyo y refuerzo positivo a las personas en nuestro entorno. 

  • Adopción de normas sociales: Entendimiento y aplicación de las reglas de interacción social, adaptando el comportamiento propio a estos acuerdos, lo cual se vincula estrechamente con la responsabilidad social.

Desde el currículo, estas competencias requieren intencionalidad, construcción de estrategias y líneas de acción. 


De acuerdo con Bisguerra (citado en Abarca, 2003, p. 116) pueden integrarse paulatinamente a través de: 

  1. La orientación ocasional en las que se intenta aprovechar todas las oportunidades espontáneas o planificadas para abordar aspectos relacionadas con la inteligencia emocional. 

  2. Los programas en paralelo, entendidos como aquellas prácticas relacionadas con la educación emocional a margen del horario y de las asignaturas curriculares formales. 

  3. Asignaturas optativas, elegidas por el alumnado. 

  4. Objetivos o ejes transversales, integrados en las diversas materias académicas y en todos los niveles. 

  5. Integración curricular interdisciplinaria. Para ello, se requiere el trabajo en equipo por parte del profesorado con el fin de acordar los contenidos. 

  6. Sistema de programas integrados: consiste en que los programas de las distintas asignaturas se interrelacionen entre sí. Por ejemplo, el programa de sexualidad con el programa de habilidades sociales. 

No hay datos que apoyen la elección de uno u otra forma de incorporarla. Lo que sí se ha señalado es que resulta difícil lograr una incidencia efectiva en las competencias emocionales desde programas aislados que se desarrollan en tiempos fragmentados o muy delimitados. 

Es crucial plantearnos algunas interrogantes respecto a los temas discutidos: ¿Es posible enseñar inteligencia emocional de la misma manera que enseñamos trigonometría? ¿Cuáles son los elementos clave a considerar en la educación emocional? La relevancia de la inteligencia emocional se vincula directamente con nuestra convivencia y dado que la educación es esencialmente interacción humana, su enseñanza trasciende los límites del horario escolar y se integra en la vida diaria. 


Lo que resulta valioso de esta aproximación es la creación de espacios de diálogo en los que docentes y directivos docentes de distintos niveles y áreas del saber diseñen estrategias y planes que fomenten la inteligencia emocional en los alumnos. La educación aspira a la formación de individuos integrales, lo que implica abarcar tanto los conocimientos como las actitudes, las evidencias de aprendizaje como los procesos que los facilitan.


BIBLIOGRAFÍA 

  • Abarca Castillo, M. M. (2003). La educación emocional en la Educación Primaria: Currículo y Práctica. Universitat de Barcelona. 

  • Ledesma Illada, E. (2017). La Educación Emocional en España desde su implantación curricular. 

  • Roca, J. S., & Castillo, M. A. (2001). La educación emocional en el currículum. Teoría de la Educación. Revista Interuniversitaria, 13. 

  • Visiedo Rubio, M. (2022). La importancia de la Educación Emocional en el currículo educativo.

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