El agresor tampoco eligió libremente: por qué castigar el ciberacoso adolescente no basta
- Marilyn GonzƔlez Reyes
- hace 20 minutos
- 6 min de lectura
Complemento al Episodio 6 de +AllÔ de la Escuela · Fundación Convivencia

Hay una escena que se repite en los colegios. Un estudiante difunde un meme que humilla a otro, aparece la captura, y la institución hace lo que se espera: sanciona. Caso cerrado. El problema es que la investigación reciente sugiere que, en muchos de esos casos, acabamos de cerrar el expediente equivocado.
Este texto no resume el episodio 6. Toma una sola de sus piezas āla que menos desarrollamos al aireā y la lleva hasta sus consecuencias prĆ”cticas: quĆ© significa, para un docente y para un padre, que la agresión digital sea con frecuencia el Ćŗltimo eslabón de una cadena que empezó mucho antes.
Una cadena, no un acto
Solemos pensar el ciberacoso como una decisión: alguien quiso hacer daƱo y lo hizo. Un estudio longitudinal de Yang, Peng, Tao y Zhang (2026) complica esa imagen de una manera que vale la pena entender bien, porque cambia lo que un adulto deberĆa hacer.
Siguiendo a 622 adolescentes durante seis meses, encontraron que el bajo autocontrol no predecĆa directamente la agresión digital. La predecĆa de forma indirecta: el bajo autocontrol aumentaba la probabilidad de ser victimizado, y era esa victimización reciente la que disparaba despuĆ©s el ciberacoso (Yang et al., 2026). El efecto del autocontrol sobre la agresión estaba, en sus palabras, totalmente mediado por la experiencia de ser vĆctima.
DetengĆ”monos en lo que esto implica. La secuencia tĆpica no es "adolescente impulsivo ā agrede". Es mĆ”s parecida a "adolescente con menos herramientas de autorregulación ā queda mĆ”s expuesto a que lo lastimen ā descarga despuĆ©s ese daƱo en otro, en un canal donde nadie lo ve". El que aparece en la captura es el final de la historia, no el principio.
Y hay un dato que deberĆa incomodarnos: perpetrar ciberacoso predijo, a su vez, una caĆda posterior del autocontrol (Yang et al., 2026). Los autores lo explican por disonancia cognitiva āagredir contra las propias normas consume recursos de autorregulación. Si esto es asĆ, la sanción que no ofrece nada mĆ”s que castigo puede estar interviniendo sobre un chico cuyo autocontrol ya venĆa en descenso, y empujarlo un poco mĆ”s.
Por qué el hogar aparece en la ecuación del ciberacoso adolescente
Queda una pregunta: Āæpor quĆ© un adolescente llega con menos autorregulación que otro? AquĆ entra el segundo estudio. Wu, Shao, Hu y Zhao (2026), con 1.409 estudiantes, mostraron mediante anĆ”lisis de redes que la crianza dura āhostilidad, castigo fĆsico, abuso verbal, desapego emocionalā se conecta con las formas de ciberacoso, y lo hace principalmente a travĆ©s de la agresión verbal, con el anonimato como puente (Wu et al., 2026).
La ironĆa es difĆcil de ignorar. La crianza que castiga con dureza se asocia con hijos que despuĆ©s agreden con dureza, replicando en la pantalla el registro que aprendieron en casa: la palabra que hiere. Los autores son cuidadosos āsu diseƱo es transversal y no permite afirmar causalidad (Wu et al., 2026)ā pero el patrón coincide con dĆ©cadas de literatura sobre modelado de la conducta agresiva.
Para el docente, esto abre una posibilidad que la sanción sola nunca contempla: el estudiante que agrede con insultos puede estar mostrando, sin saberlo, cómo se le habla a él.
Lo que el castigo no ve, y la voz del propio agresor
Si todo fuera cadena y contexto, faltarĆa lo esencial: la experiencia. ĀæQuĆ© encuentra el adolescente en agredir? Un estudio cualitativo peruano āel primero de esta serie hecho en LatinoamĆ©ricaā entrevistó a diez adolescentes que reconocieron ejercer ciberbullying. Su tĆtulo es una cita de la investigación que resume el problema entero: "Acosar me hace feliz" (Esteban-Rivera et al., 2026).
Las motivaciones que identificaron no son las de un monstruo: venganza, bĆŗsqueda de placer, afirmación de superioridad, deseo de control emocional sobre la vĆctima (Esteban-Rivera et al., 2026). Son, todas, formas de conseguir algo que probablemente falta āpoder, reconocimiento, desquiteā por la Ćŗnica vĆa que el adolescente encontró disponible. Y casi nunca en solitario: las conductas se ejecutaban desde el anonimato y con la complicidad de los pares (Esteban-Rivera et al., 2026).
AquĆ estĆ” la clave prĆ”ctica. Si agredir cumple una función para ese chico, quitarle la función mediante un castigo, sin ofrecerle otra manera de obtener lo que buscaba, deja intacto el motor. Por eso los autores concluyen que la prevención eficaz debe fortalecer lo socioemocional y moral de agresores y vĆctimas por igual (Esteban-Rivera et al., 2026). No como acto de indulgencia, sino porque es lo Ćŗnico que apaga el motor.
El dilema que la sanción esconde
Hay una tensión que ningĆŗn reglamento resuelve solo, y que conviene nombrar porque los adultos la viven en silencio: proteger a la vĆctima y no rematar al agresor pueden parecer objetivos opuestos. Si sanciono con firmeza, cuido a quien fue herido; si me detengo a entender al que hirió, parece que relativizo el daƱo. La mayorĆa de los colegios, ante esa disyuntiva, elige lo primero, y es comprensible.
Pero la evidencia sugiere que la disyuntiva es falsa. No porque una cosa no importe, sino porque la sanción y la comprensión operan en tiempos distintos. La consecuencia responde al acto que ya ocurrió: es inmediata, protege, marca el lĆmite. La comprensión responde al riesgo de que vuelva a ocurrir: es lenta, y es la Ćŗnica que desactiva lo que produjo la conducta. Confundirlas ācreer que sancionar ya es prevenirā es lo que hace que el mismo estudiante reaparezca meses despuĆ©s, a veces agravado (Yang et al., 2026).
Lo que Yang et al. (2026) aƱaden a este dilema es un dato que lo vuelve casi urgente: dado que perpetrar ciberacoso predice una caĆda posterior del autocontrol, el adolescente que agrede hoy es, estadĆsticamente, alguien con menos recursos de autorregulación maƱana. La ventana para intervenir no se abre despuĆ©s del castigo; se cierra con Ć©l si no se acompaƱa de otra cosa.
Una pregunta que cabe en cualquier protocolo
No hace falta rediseƱar el sistema disciplinario de una institución para incorporar esto. Basta con insertar una pregunta antes de archivar un caso: Āæeste estudiante ha sido, en algĆŗn otro escenario, vĆctima?
La pregunta parece pequeƱa y no lo es. La investigación cualitativa peruana muestra que las motivaciones del agresor āvenganza, control, la bĆŗsqueda de un placer que probablemente no encuentra en otro sitioā son respuestas a algo (Esteban-Rivera et al., 2026). Y el estudio longitudinal muestra que ese "algo" es, con frecuencia, una victimización previa que nadie registró porque llegó por otra puerta (Yang et al., 2026). El adolescente mĆ”s difĆcil de ayudar es el que es vĆctima y agresor a la vez: si solo se lo trata como culpable, su condición de vĆctima queda invisible para siempre, precisamente porque su expediente dice "agresor".
Para las familias, la versión domĆ©stica de esa pregunta es igual de incómoda y Ćŗtil. Antes de endurecer el control sobre el telĆ©fono, cabe preguntarse quĆ© registro de trato estĆ” aprendiendo el hijo en casa, dado que la crianza dura aparece asociada a la agresión digital sobre todo por la vĆa de la palabra (Wu et al., 2026). El tono con que se corrige enseƱa mĆ”s que la norma que se impone.
Una advertencia necesaria
Estas conclusiones vienen, en dos de los tres casos, de muestras chinas y, en el tercero, de diez casos peruanos. No son la Ćŗltima palabra ni describen con exactitud a cada aula latinoamericana. Son, eso sĆ, tres miradas independientes ālongitudinal, de redes y cualitativaā que apuntan al mismo sitio: detrĆ”s del que acosa suele haber una historia que el castigo no lee.
En el Episodio 6 de +AllĆ” de la Escuela contamos el otro lado de esta misma escena: el de la vĆctima, su silencio y el doble riesgo que la evidencia documenta. Este blog se detuvo en el agresor; el episodio se detiene en quien lo sufre. Juntos completan el cuadro. EscĆŗchalo y compĆ”rtelo con quien sabes que lo necesita.
Si este tema te toca de cerca, en Colombia puedes marcar gratis la LĆnea 141 del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, o la lĆnea nacional 01 8000 91 80 80.
Referencias
Esteban-Rivera, E. R., Claudio-Cortez, N. L., Polinar-Abad, Z. D., VÔsquez-VelÔsquez, N., Callupe-Becerra, S. F., Rojas-Cotrina, A. R., CÔmara-Acero, A. A., & López-Rengifo, C. F. (2026). "Acosar me hace feliz", el ciberbullying desde la óptica del acosador. New Trends in Qualitative Research, 22(1), e1305. https://doi.org/10.36367/ntqr.22.1.2026.e1305
Wu, J., Shao, Y., Hu, J., & Zhao, X. (2026). The relationship between harsh parenting and adolescent cyberbullying: A network analysis. BMC Psychology, 14, 572. https://doi.org/10.1186/s40359-026-04329-4
Yang, D., Peng, P., Tao, L., & Zhang, J. (2026). The relationship between adolescent bullying victimization, self-control and cyberbullying: A cross-lagged panel model. BMC Psychology, 14, 277. https://doi.org/10.1186/s40359-026-04062-y
