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QUE HAGA LO QUE SE LE DE LA GANA

Actualizado: 26 jul 2023

Curiosamente, aunque ningún padre de familia dejaría a sus niños en el parque sin supervisión; son muchos los padres que les permiten a los menores acceder a ordenadores y dispositivos móviles para navegar en internet, buscando entretenimiento, sin restricción o vigilancia alguna. Lo que algunos llaman “navegar por navegar”.


Niños en internet sin vigilancia


Varios estudios aluden que son numerosos los progenitores que incorporan inexpertamente a sus hijos en la vida digital. Un alto porcentajes expone videos, fotos y detalles íntimos de sus hijos desde antes de nacer y continúan con el mismo ejercicio regularmente, fomentando la sobreexposición de los chicos en las redes. Frecuentemente son los padres los que mienten sobre la edad de los menores para poder crearles los primeros perfiles en redes sociales y/o abrirles su correo electrónico.


“… datos, imágenes y vídeos que van configurando el territorio donde se forja el estilo de vida de los adolescentes actuales. A través de esta información compartida se construye su desarrollo psicosocial como autorrepresentación identitaria y medio de exploración del contexto. Sirve indirectamente para conocerse, presentarse y, en suma, construir su propia identidad”. (Dans Álvarez de Sotomayor, I., Muñoz Carril, P. C., & González Sanmamed, M., 2019. Pg. 184)

Bajo el patrocinio de adultos y/o acudientes: la edad de inicio de navegación y de utilización de la tecnología es cada vez más temprana; algunos menores cuentan con dispositivos propios y planes de conexión ilimitados sin saber leer; disponen de numerosas pantallas para todo (estudiar, entretenerse, comunicarse, etc.); y el tiempo de uso y de exposición es cada vez más alto. Poderse conectar a todas horas y desde cualquier lugar, ha generado cambios importantes de comportamiento en todos, chicos y grandes.


Como seguro pasaría al dejar los niños solos en el parque, los riesgos se multiplican de acuerdo con el horario y tiempo de exposición. Entre más tarde noche estén y más tiempo permanezcan, mayores son los peligros físicos y psicológicos.


El tema sexual es de los que más preocupa. Acceso de pederastas, abuso de menores, hipersexualización, sextorsión, grooming (acoso sexual de una persona adulta) o sexting (recibir, enviar o reenviar mensajes y/o imágenes con contenido sexual explícito), etc.

También están los temas de seguridad, el acceso a contenidos inapropiados, a prácticas ilegales, a retos peligrosos, a descargas de programas o aplicaciones maliciosas. Todo lo referente a engaños, suplantación de identidad, contacto con desconocidos y sobre todo la vulneración de la privacidad, el riesgo que publiquen imágenes y/o textos no adecuados que luego sean viralizados con o sin permiso, y con ello la probabilidad de recibir críticas fuertes, voraces, agresivas, groseras e injustas, y/o caer en cyberbullying, lo que afecta su autoestima.

En los riesgos podemos mencionar los estudios que equiparan la dependencia excesiva de las redes sociales con la adición a las drogas y los que vinculan el uso de las redes sociales con la ansiedad, los cambios de humor, la depresión, la soledad y el miedo a quedar afuera.


Los jóvenes están desarrollando su identidad, consolidando normas morales, valores y principios, y según expertos en las nuevas prácticas que impulsa la internet se ha “detectado la necesidad que tienen de recibir un apoyo o refuerzo positivo con cierta inmediatez cuando realizan algunas publicaciones como una fotografía, por ejemplo. El adolescente manifiesta sentir algún grado de ansiedad si no recibe de forma instantánea “likes” o “me gusta” que respalden el interés o la aceptación de su publicación” (Montes Voz mediano, M., Pastor Ruiz, Y., Martín Nieto, R., Atuesta Reyes, J. 2020. Pg. 58)


No hay que olvidar los excesos, tanto de información personal que se puede publicar, como de uso, con relación a la adicción a internet, a los móviles y TIC en general. Además de la consciencia sobre el almacenamiento de datos que la actividad en internet crea, lo que es llamado “huella digital”, que se refiere al “perfil” que se crea de cada persona, y con este los algoritmos seleccionan la información emergente que llega, lo que le venden y la información que de la persona venden, los peligros en los que es más propensa a caer, etc.

Ante tanto riesgo no es posible esperar solo a que las autoridades actúen, más cuando muchas de las practicas no están legisladas y la reglamentación camina muy despacio.

El problema es que la escuela, que suele ser el espacio protagónico de enseñanza, que les da la mano a los padres en los procesos de formación, se ha mantenido al margen del tema y/o no ha avanzado mucho al respecto; y muchos padres y cuidadores, no cuentan con los conocimientos y las habilidades tecnologías para acompañar y regular a sus hijos, lo que en ocasiones los aleja de poder ejercer una autoridad comprometida y responsable al respecto.

Cabe anotar que, aunque la mayoría de los adultos tienen prevenciones y manifiestan no disponer de una opinión clara y positiva de las redes sociales y de muchas aplicaciones, estudios indican que dicha percepción mejora cuando existe un genuino acercamiento a las herramientas tecnológicas que se usan con frecuencia.


Al explorar el papel de los padres con relación al uso que los adolescentes hacen de internet, diversos autores destacan la mediación centrada en el tiempo. “El miedo a los peligros de la sobreexposición no se traduce en una protección adecuada sobre los contenidos, sino sobre el tiempo de conexión. Resulta preocupante la falta de habilidades personales para la relación presencial, como exposición no controlada.” (Dans Álvarez de Sotomayor, I., Muñoz Carril, P. C., & González Sanmamed, M., 2019. Pg. 185)


En el análisis es preciso acercarnos a los tipos de mediación:


“La mediación restrictiva comprende el manejo de reglas que limitan el uso de las tecnologías; la mediación activa implica la comunicación y orientación parental a los hijos acerca del uso seguro de Internet y su intervención en caso de dificultad; la de co-uso involucra la presencia de los padres durante el tiempo que el adolescente hace uso de Internet y la comunicación acerca de las actividades realizadas en línea; y, finalmente, la de supervisión consiste en la verificación de los sitios web visitados, contactos, mensajes y perfiles”. (Rodríguez Pérez, A. M.; Urías Murrieta, M.; Valdés Cuervo, A. A., 2020., Pg. 11).

Diferentes estudios señalan como formas más comunes de supervisión parental las preguntas directas, el control y límite de tiempo, y la revisión del historial. En esa línea podemos incluir, en menor medida, ser agregados en las redes sociales de los menores, ligar la cuenta de Facebook del menor a la propia y bloquear algunas páginas webs.


Controles poco efectivos, porque no cumplen con el objetivo de acerca a padres e hijos y porque entre adolescentes suelen “compartir fórmulas para esquivar este control: desde la creación de perfiles que sus padres desconocen, pasando por aprovechar las opciones que permiten las aplicaciones para que sea más complejo seguir su actividad (como ocultar la hora de su última consulta de WhatsApp), hasta introducir una contraseña en su dispositivo que solo conozca ellos”. (Rodríguez Pérez, A. M.; Urías Murrieta, M.; Valdés Cuervo, A. A. 2020. Pg.53)


Usar las redes sociales como premio o castigo suele ser otro instrumento de control, una forma de negociación que normalmente está ligada al rendimiento académico. La misma lógica, suelen aplicar los padres durante las vacaciones escolares, bajando la guardia, reduciendo y/o anulando medidas de tiempo y vigilancia.


Los estudios también muestran diferencias de acuerdo con el género. Aseguran que los varones cuentan con más tiempo, espacio y flexibilidad de horario de conexión, porque suelen dedicar más tiempo a jugar online y a consultar información deportiva. Mientras con las chicas refieren un mayor control y/o sujeción parental, menor frecuencia de conexión y mayor regulación en horarios nocturnos. Afirman que están más expuestas porque expresan más sus emociones y sentimientos, comparten más información, son cercanas a espacios musicales y a personas famosas.


También hay diferencias de control por edad y nivel educativo. Aunque estas se relacionan con el proceso de crecimiento. Al principio, los pequeños necesitan de mayor acompañamiento de los padres en el entorno digital, con el paso del tiempo es inevitable intentar confiar, pero poco a poco, sin caer en la capacidad persuasiva de los adolescentes que creyéndose grandes buscan bajar el control sin mayores habilidades y/o aprovechándose de las escasas destrezas tecnológicas de los padres, o el poco tiempo y presupuesto para su actualización.


Mas que brindar un completo análisis o formas efectivas de control parental, la mayoría de los estudios demuestran que los adolescentes a los que se les sustenta intervención parental manifestaban menos conductas de riesgo, es decir que detrás de la vigilancia queda el por qué o el para qué usar adecuadamente el internet, el conocimiento de las posibilidades y riesgos.

La familia debe fomentar el autocuidado y la comprensión. La mediación parental comprende prácticas de control, supervisión, restricciones, pero más allá deben existir estrategias de comunicación, tolerancia e interpretación de contenido para que los padres puedan orientar hijos.


Asumir el papel de padres no puede, ni debe ser, asustar. Es un trabajo de acompañamiento, de ilustración, mediación, de uso reflexivo, crítico y creativo de los medios.

Para dar una mano, se están impulsando iniciativas de intervención educativa desde la escuela, orientaciones que promuevan la autorregulación y el empoderamiento. Que los chicos a través de la mediación parental y de los aportes del profesorado consigan una ciudadanía digital sana y responsable.


En este proceso resulta clave la adquisición de las competencias de pensamiento crítico para enjuiciar, analizar, comprender y contrastar datos, un verdadero trabajo que permite tomar decisiones responsables y eficientes.


Los que saben dicen que en el pensamiento crítico está la verdadera diferencia. Por ello hay que educar a los menores en el uso seguro y responsable, brindándoles herramientas de análisis que les ayude a crecer intelectualmente construyendo un ciberespacio donde puedan relacionarse, informase, aprender y comunicarse de forma positiva para que cuando alcancen la mayoría de edad los padres puedan dejarlos solos en un parque o donde sea, y sean adultos con capacidad de autorregularse, con criterio suficiente para que los padres puedan decir "que hagan lo que se les dé la gana".


Bibliografía

  • Dans Álvarez de Sotomayor, I., Muñoz Carril, P. C., & González Sanmamed, M. (2019). Familia y redes sociales: un binomio controvertido. Aula Abierta, 48(2), 183–192. https://doi.org/10.17811/rifie.48.2.2019.183-192

  • Montes Voz mediano, M., Pastor Ruiz, Y., Martín Nieto, R., Atuesta Reyes, J. 2020. Smartphone y redes sociales: una aproximación a los usos, vulnerabilidades y riesgos durante la adolescencia en España y Colombia. Revista Espacios. Vol. 41 (48)

  • http://w.revistaespacios.com/a20v41n48/a20v41n48p04.pdf

  • Rodríguez Pérez, A. M.; Urías Murrieta, M.; Valdés Cuervo, A. A. (2020). Validez de contenido de una escala para medir mediación parental en el uso de tecnologías en adolescentes. Campus Virtuales, 9(1), 9-16.

  • file:///C:/Users/fundacion/Downloads/DialnetValidezDeContenidoDeUnaEscalaParaMedirMediacionPar-7470454.pdf


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