top of page

PADRES OBLIGADOS A ROMPER

“Las historias de vida de los y las chicas están atravesadas por un montón de desinformación sobre sus derechos sexuales y reproductivos y es imposible que nos hagamos los de la vista gorda”

Lina corredor

coordinadora de poderosas Urabá



La sexualidad es una dimensión fundamental en el desarrollo y crecimiento integral del ser humano y su personalidad. Lamentablemente tardamos muchos años en reconocerlo y de diversas maneras, la cultura, la sociedad y las instituciones educativas evitaron que se enseñara.


A pesar de que en nuestro país la educación sexual se formalizó sobre los 90, el tema aún arrastra notables vacíos metodológicos para ser enseñado, para determinar los contenidos, los contextos y necesidades, según las etapas del desarrollo.


“La década de los noventa fue determinante para la educación sexual en el país. La Constitución Nacional de 1991 incluyó los derechos los Derechos Sexuales y Reproductivos, como derechos fundamentales. Con este marco, el Ministerio de Educación otorgó carácter obligatorio a la educación sexual en las instituciones educativas mediante la Resolución 3353 de 1993, fundamento del Proyecto Nacional de Educación Sexual. La ley General de Educación de 1994 estableció que la obligatoriedad de la educación sexual se debe cumplir bajo la modalidad de proyectos pedagógicos transversales. Con la Revolución Educativa, el Ministerio puso en marcha un programa de educación para la sexualidad y la ciudadanía”.

(Min educación., 2008)



Las imposiciones religiosas y los prejuicios morales aún problematizan abordar, trabajar e instruir formalmente la educación sexual. Lo que sobresalta una formación integral e interdisciplinaria que ayude a desarrollar personas autónomas, conscientes, críticas y responsables de su sexualidad.

La educación sexual sigue estando en un segundo plano dentro del sistema educativo, a pesar de que los resultados muestran que implementar una educación sexual de calidad genera efectos positivos, que se ven reflejados en el inicio adecuado y responsable de las relaciones sexuales, el uso de métodos anticonceptivos, construcción de identidades y otras decisiones importantes.


“Los países reconocen cada vez más la importancia de dotar a los jóvenes de los conocimientos y las habilidades que necesitan para tomar decisiones responsables con sus vidas. La educación integral en sexualidad empodera a los jóvenes al mejorar sus capacidades de análisis, de comunicación y otras capacidades útiles para la vida con miras a garantizar la salud y el bienestar en términos de sexualidad, derechos humanos, valores, relaciones sanas y respetuosas, normas culturales y sociales, igualdad de sexos, no discriminación, conducta sexual, violencia y violencia de género, consentimiento, abuso sexual y prácticas negativas”. (Unicef., 2023)

Lo paradójico es que mientras docentes y orientadores se enfrentan a tabús y son estigmatizados por hablar de la sexualidad, los menores tienen acceso a la información sin filtros, en todos los temas sexuales, gracias a las facilidades que brinda la Internet.


Mientras algunos padres temerosos siguen preguntando si las clases formales en las instituciones educativas influyen en la orientación sexual de sus hijos, si los incita a empezar su vida sexual, a tener comportamientos más activos, exploraciones, embarazos o prácticas “aberrantes”; son los mismos progenitores los que les dan a los menores amplio acceso a diferentes dispositivos, enfrentándolos a las intenciones enajenadas de formación y socialización de los medios de comunicación, a la expansión de las redes sociales online, espacios donde la línea entre lo íntimo y lo público se desdibujo, multiplicando las posibilidades de exposición de manera compleja.


Calculando las fechas y teniendo en cuenta lo que manifiestan los conocedores del tema, muchos de los que hoy son padres y madres de familia, no recibieron educación sexual. Esto presupone carencias de fondo, un alto desconocimiento, que representa un desafío decisivo a la hora de abordar la educación sexual.


A este desconocimiento, se debe sumar el analfabetismo digital. Porque la digitalidad cambio la forma de hacer las cosas, de trabajar, entretenerse, informarse y de socializar. Es el nuevo espacio donde las personas se comunican con su entorno y con el mundo. Un medio del que un importante porcentaje de cuidadores, padres y/o cabezas de familia están excluidos. Adultos funcionales que requieren de apoyo para comprender las tecnologías, aproximarse a ellas y realizar sus actividades cotidianas.


Los adolescentes no siempre cuentan con un referente adulto que los acompañe en el proceso de aprendizaje de los riesgos existentes en entornos digitales, especialmente por dos motivos: estas novedosas formas de interacción a veces le son distantes a los adultos y por un tema generacional, algunos de ellos son considerados analfabetos digitales (Livingstone y Third, 2017).

Esa doble falencia, en el manejo del tema y sobre las herramientas de información y socialización actuales, dificulta aún más la labor de los padres de atender, supervisar y controlar las conductas de sus hijos. La mayoría sabe que el manejo consciente y crítico sobre la información y la comunicación - TIC -, les da mayores herramientas para acompañar y orientar a sus hijos en todos los ámbitos, más frente a los riesgos que circulan en internet y la seguridad que se necesita para navegar.


Los jóvenes de hoy son una generación Multitask (multi-tarea), han crecido y se han desarrollado con dispositivos entre sus manos, por ello ven la internet como una herramienta legitima en la exploración y experimentación de su sexualidad.


Profesando esa familiaridad con la web, los menores demandan de ella conocimientos, información y orientación sobre los cambios que experimentan y/o la curiosidad que les surge. Tienen a su disposición una gran cantidad de recursos en línea.


En tanto los adultos ven esa relación con desconfianza y preocupación. Les cuesta discernir este tipo de contacto y la sobreexposición que representa, porque el sustento de sus vínculos no está en las redes sociales, crearon y maduraron sus relaciones de otra manera.


La preocupación de los mayores responsables y documentados se centra en los resultados de las búsquedas que hacen los menores, saben que no todas las fuentes son confiables y que no todas están comprometidas con una información veraz. Hay multiplicidad, aparecen términos técnicos, lenguaje soez, opiniones, animadversiones y demás libertinajes que confunden y llevan a los chicos a manejar concepciones erróneas de su sexualidad, dimensión fundamental en su desarrollo y crecimiento.


Los mensajes e imágenes que circulan por las redes sociales on-line son interpretados de distintos modos, afectan la configuración del deseo, la producción de subjetividad y la identidad de los adolescentes. También impactan en la socialización de género y sexual de este grupo social y reeditan dinámicas de discriminación y exclusión social hacia ciertos sujetos, cuerpos e identidades (Gelpi, Pascoll, & Egorov. 2019).

Los adolescentes son una de las poblaciones más confiadas. Aun cuando saben que es probable que les hagan daño, creen que las cosas son mucho más sencillas de lo que realmente son. De eso si que saben los delincuentes, que están preparados para suplantar y engañar en busca de información que pueda generarles dinero. En ese marco se despliega el contacto con desconocidos de diferentes partes y en distintas formas, la exposición a contenidos inapropiados, el chantaje y/o manipulación con información intima, la perdida de límites y unas algunas irregularidades más, que impactan de manera significativa emocional y psicológicamente a los jóvenes, quienes están consolidado su autoimagen y autoestima, construyendo su identidad y autonomía.


Son diversos los peligros que trae consigo el uso de la internet y con ella el manejo individual de dispositivos. Si bien la web ha brindado a los jóvenes acceso a información y oportunidades para expresar y explorar su sexualidad, también ha generado riesgos que no pueden ser ignorados. Por ello ahora más que antes los jóvenes deben contar con una educación sexual integral que les brinde las herramientas necesarias para navegar de manera segura y saludable en el escenario digital. Requieren de valores, acompañamiento y orientación de sus padres y/o adultos responsables para desarrollar habilidades para el pensamiento crítico y la toma de decisiones consciente frente a los retos que se presenten en el uso de la tecnología y en el ámbito sexual.


La internet y la sexualidad están llenas de posibilidades y oportunidades que deben aprovecharse y asumirse con responsabilidad. Las dos requieren de una comprensión informada y adulta de las consecuencias de cada acto.


Por tanto, los padres actuales están obligados a romper con el miedo, el desconocimiento, la mojigatería y la oposición a la tecnología. Deben contar y/o buscar espacios que les otorguen sensatez para educar y acompañar a los menores el uso de la tecnología y sus relaciones con la sexualidad, a fin de guiarlos para que hagan un uso saludable de las mismas.



Bibliografía




  • Livingstone, S. y A. Third. (2017). Children and young people`s rights in the digital age: An emerging agenda. New Media & Society, 19(5), 657-670.


  • Gelpi, G. I., Pascoll, N., & Egorov, D. (2019). Sexualidad y redes sociales online: Una experiencia educativa con adolescentes de Montevideo. Revista Iberoamericana De Educación, 80(2), 61-80. https://doi.org/10.35362/rie8023230

Comments


bottom of page