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LA LEY DEL SILENCIO

“Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. A su vez, lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”.

-Elie Wiesel-


Bullying
La ley del silencio

Las cifras de acoso escolar muestran que en Colombia hay que ocuparse de la situación. Según el número de casos graves, estamos en los primeros puestos a nivel mundial.


“Un estudio de la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras correspondiente al bienio 2020 y 2021, Colombia ocupa el puesto 10 con más casos de matoneo a nivel mundial, el informe reportó un total de 8.981 casos graves de bullying. Esta cifra dejó al país como uno de los que tienen mayor cantidad de casos de acoso escolar en el mundo.

Este estudio también aseguró que Cundinamarca es el departamento que más concentra casos con 21%, seguido de Antioquía con 13% y de Atlántico con 12%”. (Rico, A., 2022)


“El LEE (Laboratorio de Economía de la Educación) de la Universidad Javeriana realizó un informe de análisis estadístico sobre de los datos PISA del año 2018 (los últimos disponibles), para destacar cifras sobre el bullying o acoso escolar en Colombia. La información analizada se refiere a las actitudes, exposición y percepción respecto al bullying (matoneo) de jóvenes de 15 años en los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre ellos Colombia y otros aliados.

… En dicha comparación se encontró que Colombia es el segundo país entre los países latinoamericanos miembros de la OECD con mayor exposición al bullying, después de República Dominicana”. (LEE, 2022)

Aquí cifras sobre lo que los estudiantes colombianos respondieron:


Es inevitable conectar las altas cifras registradas sobre Bulliyng con la considerable indiferencia que afecta el país y el odio profesado entre unos y otros en las redes sociales. Es innegable que muchas razones del acoso escolar están relacionadas con lo que viven los victimarios en su familia y en su contexto social, espacios de los que se aprende.


“…los jóvenes que experimentan tensión pueden liberar su frustración hacia otros, por medio de abusos verbales o insultos, a través del ciberespacio y sin control parental” (Gómez Nashiki, A. 202, Pg. 5)

Es habitual ocuparse del acoso escolar desde la víctima y/o el acosador, pero también se debe hacer referencia al papel de los espectadores y la importancia que tiene su actuar para erradicar el Bullying


Generalmente se distinguen dos tipos de espectadores. Unos son ese tipo de espectadores que animan y apoyan al agresor, y de alguna manera participan del acoso.


“los testigos”, al reenviar los textos e imágenes ejercen una doble violencia, pues adoptan un papel activo de apoyo al acosador difundiendo las ofensas, compartiendo el rol de agresores”. (Gómez Nashiki, A. 202, Pg. 3)

Otros son los que conocen y observan el acoso, pero no intervienen. Muchos sujetos del miedo de ser convertidos en víctimas


Se podría pensar que hay mayor culpa en el que participa, pero la verdad es que cualquiera de las dos reacciones mantiene la situación de acoso, haciendo que el agresor se sienta más fuerte y la víctima más nula.


La indiferencia es agresión psicológica. Está asociada a insensibilidad, desapego y frialdad, características contrarias a la condición social que tenemos los seres humanos. La conexión social y la empatía, resultan ser características esenciales por las que nos relacionamos unos con otros. La pertenencia a un grupo nos ha hecho sobrevivir y avanzar como especie.


Al ser indiferentes se invisibiliza, se anula emocionalmente, se frustra la comunicación, la conexión social y la sana convivencia de la persona, arrastrándola al borde, al vacío. Es una de las prácticas más agresivas y dolorosas.


Ante una situación de abuso, de injusticia, habría que preguntar qué tan correcto es aislar las emociones. Mostrar indiferencia ante algo o alguien implica que se han retirado todos los sentimientos, que no existen. ¿Hay algo más cruel? ¿Hay algo más intenso que no encontrar nada, cuando se requiere de un mínimo de empatía y apoyo?


Algunos aseguran que es mejor sentir el dolor de una mala palabra que no recibir ni una señal, pues implica sentir que no se es importante.


Todos los seres humanos necesitamos de atención, afecto, respeto y comunicación. Ser visibles, y afectar a los otros con nuestra presencia, con solo el existir. Relacionarse con otros, ser aceptados y valorados nos sitúa en el mundo como personas, por eso NO se puede estar preparado para habitar en el vacío.


La autoestima depende a diario de gestos de aprecio, de una sana comunicación verbal y no verbal para generar emociones positivas. Por eso percibir una actitud fría crea tensión, infelicidad, soledad, inseguridad, un malestar emocional que llega afectar físicamente.


La indiferencia afecta el vínculo, la comunicación y el bienestar con el otro o los otros. Rompe las dinámicas que integran. Por eso se percibe que la víctima se desconecta, se esconde por miedo, se aleja, tiene dudas sobre lo que es y lo que puede ser.


“Las amenazas son el mecanismo que respalda al mandato que emite el sujeto activo, es decir, apropiarse de los distintos ámbitos que lo rodean, “con el objetivo de que el individuo se amilane y viva temeroso de quienes lo juzgan, sin intentar ningún tipo de reacción”. Por ejemplo, aislar a la víctima del ambiente escolar y cerrarle los espacios de comunicación en las diferentes redes sociales. (Gómez Nashiki, A. 202, Pg. 10)

Las situaciones de acoso escolar se nutren de esa desconexión, del silencio, de la falta de acción y reacción que trae el miedo a convertirse en víctima. El mutismo energiza el abuso, los agresores se alimentan de la indiferencia de los espectadores, del desconocimiento y/o de la “vista gorda” de los adultos o agentes de autoridad, para mantener su poder y hacerlo cada vez más violento.


“De acuerdo con las expresiones de los acosadores, el cyberbullying es una suerte de fetiche. Por una parte, el acoso es la marca que se impone a la víctima y que se busca difundir por todos los medios posibles: fotos, videos, mensajes de voz, escritos, etc., pero, por otro lado, la burla, la crueldad y el sometimiento que se ponen en práctica de manera recurrente adoptan la forma de expresiones legítimas que encarnan en sí mismas poder para el acosador. De esta manera, la trama de símbolos que giran alrededor del acoso le confieren un significado especial a los procedimientos violentos que hacen posible su perpetuación”. (Gómez Nashiki, A. 202, Pg. 11)

Pero hablando de espectadores, existe una tercera opción. Como respuesta, algunas experiencias e investigaciones demuestran que cuando los espectadores se ocupan de sus emociones, muestran inconformidad con la situación, rechazan el abuso, denuncian y apoyan a la víctima, las agresiones disminuyen y con el tiempo pueden incluso llegar a desaparecer.


Hay que tener en cuenta que no sólo las víctimas y los agresores son afectados. Al estar expuestos a situaciones de violencia, participando o no, el espectador va desarrollando una personalidad temerosa, egoísta, individualista, que converge en baja empatía e indiferencia ante las injusticias


Por eso en programas y protocolos, como una forma de prevención, se vincula a todos los alumnos, porque en cualquier momento su papel puede cambiar y tienen que estar preparados, como posibles espectadores, con estrategias y habilidades de comunicación, confianza, conexión y demás, para que abandonen lo que muchos llaman Ley del Silencio.


Las bases de una buena convivencia recogen a toda la comunidad educativa, porque el problema es de todos y para solucionarlo debe involucrarlos a todos. Desde la familia hasta cada uno de los programas de la Institución Educativa.


Fomentar valores, comunicación, confianza, respeto, empatía, responsabilidad, tolerancia, autoestima, etc., está dentro de las estrategias más importantes para proteger a los niños de situaciones adversas, prepararlos para que puedan decir NO y darles la mano a otros, para que también puedan actuar y decirlo.


Sensibilizando y formando sobre el tema a toda la comunidad educativa, se pueden eliminar creencias, crear canales de aviso y actuar de forma eficaz.





Bibliografía


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