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El castigo y la convivencia

Actualizado: 4 may 2023

“No censuréis precipitadamente al niño, que tanto se apagará su inteligencia como se desalentará su diligencia, sino reprendedlo con dulzura que lo dispondrá a enmendarse y lo alegrará en avanzar con amor y con la esperanza de aprender... Dejad al maestro decir: “Así os irá bien.” Porque os aseguro que no existe piedra mejor para afilar las buenas intenciones y para alentar el amor por el aprendizaje que el elogiarlos... Es mi opinión que el amor es mejor que el miedo, y la dulzura mejor que el azote para educar a un niño correctamente en el aprendizaje.” Roger Ascham, (profesor particular de la reina Isabel I), The Schoolmaster, Inglaterra publicado alrededor de 1568.


¿Disciplina o castigo? La imagen que se tiene de la escuela en el pasado va unida al castigo físico impuesto por los maestros para “mantener la disciplina”. En la escuela de la edubba o “casa de las tablas o las tablillas”, por ejemplo, lugar donde se formaba a los escribas, se castigaba con vara a los niños y se les imponía “copias” de varias líneas por diversas razones, llegar tarde, por hablar, por no vestir con decoro, entre otras acciones consideradas inapropiadas o que transgredían la disciplina entendida como el orden o comportamiento en clase, lo cual incluía la prevalencia del silencio.

“Tuvo que aguantar el látigo varias veces, castigado por uno de sus maestros por haberse levantado en la clase, castigado por otro por haber charlado o por haber salido indebidamente por la puerta grande. Peor todavía, puesto que el profesor le dijo: “Tu escritura no es satisfactoria”; después de lo cual tuvo que sufrir nuevo castigo”. (Kramer: 1978:58-59)

El uso de la vara, la palmeta, los látigos, vergajos y palos fueron algunos de los elementos utilizados para disciplinar a los alumnos. A estos instrumentos de castigo se le añaden otras formas a lo largo de la historia como: los grillos

“Cuando no es bastante un taragallo, se ponen en las piernas unos grillos de madera. Estos grillos son unas piezas del largo de un pie. El chico sujetado de esta manera no puede andar sino con mucha dificultad. Tiene que dar doce pasos para andar el espacio en que sólo daría dos. En esta situación se le obliga a ir alrededor del salón de la escuela, hasta que, cansado ya, suplica que le quiten los grillos, y promete que hará todo lo posible para comportarse mejor en lo sucesivo. Otras veces se atan las manos del chico a su espalda, o se le sujetan enteramente las piernas. Estos castigos se consideraban muy útiles para aquellos alumnos que acometen la falta de dejar sus puestos por ir a uno y otro lado de la escuela” (MARTÍN, 2001).

La “caravana”, la cesta y otras formas de ridiculización, como las orejas de burro


Foto encontrada en https://www.imagui.com/a/orejas-de-burro-castigo-TqepoMKoE

La disciplina escolar determina los que se debe realizar de acuerdo a la norma, se ejerce en los siglos XVII y XVII como forma de dominación directamente sobre el cuerpo Foucault (1976) “cuerpo como objeto y blanco de poder… al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican” (p. 125)

Martín Restrepo Mejía, el gran pedagogo, en 1930 plantea que un sistema de puro castigo, castigos físicos e infamantes, donde sentaban los niños con gorritos de burro para ser el objeto de burla de sus compañeros produce una ética colectiva que denuncia Restrepo, porque el niño que es castigado para ser objeto de burla, al mismo tiempo hace que los otros compañeros entiendan la burla como algo positivo, como una conducta. Es decir, el castigo no es sólo contra un niño, sino que produce todo un efecto ético en todos los niños, en todo el salón. (Revista de Educación Fundación Convivencia. Podcast “Más allá de la Escuela” No 24. 2020)

La escuela como dispositivo en el que hay una relación entre distintos componentes o elementos institucionales dentro de los cuales se incluyen: los discursos, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, filosóficos, morales y/o filantrópicos esta constituida para mantener la disciplina y la organización en los procesos, de allí que, se conciba la disciplina como componente necesario para que se den los procesos educativos y para mantener el orden y la obediencia que se requiere para la relación con los otros.

“La escuela está presente para cumplir su rol normativo y normalizador, a partir del cual los actores que la habitan deben seguir un comportamiento que obedezca a los principios y reglas dadas en su interior, por ende, la norma denota las prohibiciones y cierra las posibilidades que los sujetos puedan expresar, porque solo el adulto es quien conoce y tiene el poder. De esta manera, se legitima la forma “correcta” de comportarse, ser y estar en el mundo, en encuentro con otros”. (Andrade, 2018)

A través del tiempo las prácticas disciplinarias en la escuela se transforman se pasa de una disciplina externa a una disciplina interna, en la que se valora en mayor medida la disciplina que viene de dentro, es decir aquella que actúa bajo un principio de conciencia, de convicción de que se sabe lo que se está haciendo en la búsqueda del bien, en las actuaciones.

Ya no se espera que el niño obedezca por el imperativo de obediencia que viene del maestro sino por que surge naturalmente desde su interior. En este sentido se pasa de los castigos infamantes al uso de la vigilancia, la prevención y el control como herramienta para prevenir faltas.

Se destaca que la “humanización de las penas escolares” está ligada a una mayor complejización del concepto de infancia en el que, por ejemplo, para la aplicación de los castigos se tenía en cuenta las condiciones físico – psicológicas de los niños.

Se trataba de un desplazamiento de los castigos más severos los cuales debían ser entonces reservados para las últimas instancias y como último recurso del que debía disponer el maestro; una clasificación de los castigos que se trataban de catalogar más como «sanciones morales», en donde ya no era tanto el cuerpo físico sino la parte de los afectos y las emociones del niño las que eran sancionadas”. (Fuente, 2002, pág. 101)
Los cambios se dirigieron a un “arte de castigar” en el que el maestro debía tener la habilidad de infligir el castigo para “no caer en la misma falta” y se conservará por parte del estudiante hacia el maestro el afecto y cariño correspondiente.

Lo interesante en esos procesos de relación con el otro, como el que sucede en la escuela es que se van construyendo identidades y se van conformando todo ese proceso de socialización que es lo que va a permitir la vida en común, tal como es el concepto de Alain Touraine en el sentido de que en esos espacios en la escuela, en la familia aprendemos a vivir juntos, a convivir.

Es decir, aprendemos a comportarnos como estudiantes, aprendemos a tener amigos, aprendemos a comportarnos en los espacios educativos y eso que pudiera ser asumido simplemente como una cuestión comportamental tiene un trasfondo mucho más común, más profundo en el sentido de que se está construyendo una subjetividad, se está construyendo una identidad y se está construyendo una persona que va a tener un comportamiento en esos espacios sociales.

En esos espacios sociales y en esa construcción de la subjetividad vienen todas las cuestiones de reconocimiento, de validación, de aceptación que van a mostrar cómo esa manera de constituirse como sujeto se relaciona y se valida en los distintos espacios sociales.

De allí que la propuesta de la psicóloga Gloria Calvo en el Podcast “Más allá de la escuela”, sea “que pensáramos de alguna manera diferente ese reconocer, premiar y castigar y le apuntáramos a unos procesos de socialización en los cuales entrara un elemento racional en el sentido de interactuar y de explicitar y de entrar con un elemento muy importante la cuestión del lenguaje, para poder mirar cuáles son esas maneras de ser en esos espacios sociales y hacer como un proceso de reflexión acompañados por los padres, los maestros desde una manera muy cotidiana de pronto muy coloquial, en el sentido de mirar cuáles son las razones que llevan a esos determinados comportamientos y tratar de ver qué hay ahí, para que en una perspectiva de reconocimiento a esos comportamientos, se mire también y se reconozca la manera de actuar, de ese niño, de esa niña de ese joven y miremos como las distintas facetas que están apareciendo ahí para establecer en una perspectiva del reconocimiento aclarar los sentidos de esos comportamientos”. (Revista de Educación Fundación Convivencia. Podcast “Más allá de la Escuela” No 24. 2020)

La escuela de hoy sigue regulando y normalizando a los escolares en formas más suaves que hace 50 años, sin embargo, se permiten reconocer experiencias que tienen en cuenta las particularidades culturales y contextuales desarrollando estrategias en las que se busca formar niños libres, espontáneos y con una relación entre docente y estudiante basada en la confianza. Esta apuesta pedagógica se propende por unas relaciones horizontales dando un lugar central al estudiante y a la reflexión y crítica que este hace sobre su realidad para poder transformarla.

Referencias
  • MARTÍN, M. d. (Septiembre de 2001). LAS PERCEPCIONES DE PROFESORES Y ALUMNOS DE ESO. Historia y conceptualización del castigo, 46. Barcelona, Barcelona, España: Universidad Autónoma de Barcelona.

  • Andrade, G. M. (2018). Mutaciones de las prácticas disciplinarias en la escuela colombiana. Mutaciones de las prácticas disciplinarias en la escuela colombiana. Manizales.

  • Fuente, E. D. (2002). Los castigos en la escuela. Revista Historia y Espacio, nº 19, 101.

  • Revista de Educación Fundación Convivencia No 24 (2020) Podcast “Más allá de la escuela”. Recuperado el 28 de septiembre https://www.fundacionconvivencia.org/es/comunicacion/revista-de-educacion-fundacion-convivencia-no-24-el-castigo-a-partir-de-varias-miradas

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