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De los modelos en la educación emocional de los niños

Actualizado: 26 jul 2023

Metatítulo: Los padres y otros modelos en la educación emocional de los niños

Metadescripción: Cuando los padres no son modelos positivos de inteligencia emocional para sus hijos, debe acudirse a otros modelos.



Los modelos modelan el alma de los niños; y los padres, lo quieran o no, son modelos para sus hijos. En la niñez, el ser humano “es moldeado y marcado con el sello que se quiere estampar a cada uno” (Platón, 1988, p. 135). Los hijos tienden naturalmente a imitar la manera como sus padres se comportan, como se relacionan con los demás, como controlan sus emociones o se dejan llevar por ellas (Muñoz, 2016).


Hemos dicho “lo quieran o no”, porque todo padre – como todo ser humano— sabe que, por más que se piense modelo de muchas cosas, hay otras en las que no lo es.


(…) si nos volvemos irritables, discutimos, nos deprimimos o nos dejamos abrumar por nuestros problemas, o si pretendemos que los problemas no harán más que desaparecer o pensamos que se resolverán por sí solos. ¿Qué podemos esperar que aprendan nuestros hijos? (Shapiro, 1997, p. 83).

Puede que los padres ponderen ante los niños la disciplina, la perseverancia, la valentia, la temperancia, o el control de sí mismo; si el ejemplo que ellos les dan es contrario a los valores que pregonan, sus hijos se inclinaran por seguir al modelo, antes que a las palabras (Guzmán, Bastidas, Rocafuerte, y Mendoza, 2019). Las crisis, los conflictos, los problemas en la convivencia, serán enfrentados por los niños como han visto que se se enfrentan en casa, antes que como que los padres dicen que deben enfrentarse. (Muñoz, 2016; Guzmán, Bastidas, Rocafuerte, y Mendoza, 2019)


Para Shapiro (1997), la discordancia entre los valores que los padres consideran buenos para sus hijos y su propio actuar se debe a una gran “variedad de razones psicológicas” (Shapiro, 1997, p. 83). En el fondo, la causa es sólo una: la naturaleza humana. Somos imperfectos, luego no somos modelos perfectos en todo, si es que lo somos en algo. ¿Cómo puede un padre o una madre educar emocionalmente a sus hijos en un aspecto en que no es precisamente un modelo? ¿Cómo puede alguien iracundo, desordenado, inconstante, cobarde, enseñar a su hijo a ser paciente, ordenado, perseverante, valiente? Puede hacerlo, ya que su propio ejemplo le falta, con uno imaginario: los padres pueden inventar héroes cuyas aventuras se asemejen a las que viven sus hijos, y que sean realistas al enfrentar las vicisitudes que la historia les depara (Shapiro, 1997); o pueden, también, escoger héroes ajenos, modelos de ficción inventados por otros.


El rol de los héroes de ficción o, mejor, de la ficción en general en la educación emocional de los niños ha sido discutido desde la antigüedad. En La República de Platón, al exponer cómo debería ser la educación de los guardianes de su república ideal, Sócrates dice que lo primero que debería hacerse al respecto es examinar las fábulas, los mitos, las leyendas, las tragedias y los mitos, para admitirlos si están bien hechos, y rechazarlos si no lo están y persuadiremos a las ayas y a las madres a que cuenten a los niños los mitos que hemos admitido, y con estos modelaremos sus almas mucho más que sus cuerpos con las manos (Platón, 1988, p. 135)


Shapiro (1997) propone a los padres un examen similar con el fin de que escojan los modelos de ficción más apropiados para sus hijos y, además, sugiere dos obras que, a su juicio, son convenientes: El libro de las virtudes (The Book of Virtues) de William Bennet, o los libros recomendados en Lo mejor de lo mejor para niños (Best of the Best for Children) de la American Library Association.


Al juzgar las novelas, los cuentos, las películas, las obras de teatro, las epopeyas o las series, pensando en la formación emocional de los niños, despiertan el censurador y el crítico que habitan en nosotros: el censurador que condena las obras de ficción que enaltecen el vicio o valores que para nosotros no lo son, y el crítico que de entre la infinidad de historias y de héroes que existen prefiere unos sobre otros por sus cualidades morales, por la utilidad que pueden prestar en la educación emocional de los niños.


¿Cuáles historias escoger para la educación emocional de los hijos? ¿cuáles héroes? ¿con qué criterios escogerlos? Los criterios para elegir estas historias y estos héroes son los valores éticos que los padres pretenden inculcar en sus hijos; luego, antes qué preguntarse qué historias o qué héroes deben mostrar a sus hijos para que los tomen como modelos, los padres deben preguntarse qué valores quieren inculcar en sus hijos. Es común que la gente diga sin ton ni son “a mí me educaron con valores” o “a mí me enseñaron valores” o “esa persona es una persona con valores” o “vengo de una familia con valores” sin darse cuenta que eso no significa nada ¿Qué valores? ¿Cuáles? Eso es lo importante.


Siendo las virtudes tantas, no bastará con un modelo, sino con varios. Y siendo los héroes de ficción tantos, y los gustos tan distintos, ha de ser larga la lista de héroes de ficción que podrían ser tomados como modelos en la educación emocional de un niño. Quien escribe esta entrada quisiera, para cerrarla, sugerir uno a los lectores: el héroe de la película Todo está perdido (All is lost) de J. C. Chandor. (2013). Encarnado por el ya sexagenario Robert Redford, este personaje –cuyo nombre no le es dado al espectador saberlo —perdido en el mar, incomunicado, al borde del naufragio luego de que el casco de su bote se averiara tras chocar con un container a la deriva, debe enfrentar, para colmo, una feroz tormenta. Apenas si vemos asomar en el rostro del personaje sus emociones (salvo en una breve secuencia, tal vez, en que creemos ver desesperación en el gesto de Redford: tal vez piensa entonces el personaje que todo está perdido). Durante casi dos horas vemos a un experimentado navegante enfrentar con calma las adversidades que, una tras otra, el destino le depara en altamar. Es difícil encontrar en la historia de la ficción, literaria y cinematográfica, un personaje que haga alarde de un tal control de sus emociones, que enfrente la adversidad con tanta calma, que tenga un tal “dominio de sí mismo” (Goleman, 1997, p. 69), que es lo que es la inteligencia emocional. Pocos modelos como ese navegante innominado, al borde del naufragio, en altamar.


Referencias

  • Aristóteles. (1987). Moral a Nicómaco. Madrid: Espasa Calpe.

  • Guzmán, e., Bastidas, B., Rocafuerte, V., & Mendoza, M. (2019). Estudio del rol de los padres de familia en la vida emocional de los hijos . Revista de Investigación Apuntes Universitarios , 61-72.

  • J.C.Chandor (Dirección). (2013). All is lost [Película].

  • Muñoz, C. (2016). Inteligencia emocional: el secreto para una familia felíz. Madrid: Dirección General de la Familia y el Menor.

  • Platón. (1988). La República. Madrid: Gredos.

  • Shapiro, L. (1997). La inteligencia emocional de los niños. México: Vergara Editor.



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