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Cómo la violencia está creciendo en la comunidad educativa y por qué debemos intervenir



La violencia es una respuesta inapropiada ante el conflicto que busca suprimir al otro. Esta reacción se ha extendido a diversos ámbitos de nuestra vida social, incluyendo la familia, la escuela y cualquier espacio de interacción humana. Según Galtung (1995), citado en Reyes y García (2015), esta situación refleja un fracaso en la tramitación del conflicto. La violencia no es inherente a las relaciones humanas; en cambio, el conflicto sí lo es, dado que, de acuerdo con Reyes & García (2015), está relacionado con experiencias subjetivas y la forma en que cada uno de nosotros siente, percibe e interpreta la realidad. El término "conflicto" proviene de "confluir" o "encontrarse" y representa el antagonismo de creencias, intereses, necesidades y valores, lo que hace que sea imposible evitarlo. 


Es bien conocido que los medios de comunicación y las redes sociales han difundido numerosos casos de escalada de violencia en las instituciones educativas, involucrando a diversos miembros de la comunidad. Este fenómeno se manifiesta específicamente en agresiones físicas y verbales. Según Rodríguez (2006), la agresión se define como cualquier forma de conducta que pretenda herir física o psicológicamente a alguien, ya sea de manera directa o indirecta. 


No solo los niños, niñas y adolescentes son las principales víctimas de este tipo de agresiones; los docentes también están siendo gravemente afectados. Según un informe de la BBC, una maestra de primaria en Corea del Sur se quitó la vida después de haber escrito sobre manifestaciones físicas como presión en el pecho, ahogo y desorientación. En sus diarios, su familia descubrió que se sentía abrumada debido al acoso que recibía por parte de los padres de sus alumnos. Además, en una encuesta realizada por la BBC a 9.000 docentes en Inglaterra, uno de cada cinco profesores informó haber sido golpeado por un alumno este año. Esta preocupante situación también se intensifica en el mundo hispanohablante. 


El Colegio de Profesoras y Profesores ubicado en Chile con más de 100.000 afiliados, realizó una encuesta que arrojó que el 86.8% de los docentes fue víctima de insultos y amenazas por parte de estudiantes, padres de familia y representantes. “Es un problema de doble vía: Si tenemos niños, niñas y adolescentes que hoy día no logran hacer esta gestión emocional, también es porque tenemos adultos que no han logrado visualizar la importancia que esto tiene".


Para ampliar la noticia visitar: https://www.bbc.com/mundo/articles/c0v0n10209yo

Las causas de estas respuestas agresivas son múltiples y complejas, incluyendo dinámicas familiares, ausencia de habilidades emocionales y comunicativas para tramitar los conflictos, relación familia y escuela, entre otras.


Ante este complejo escenario, las instituciones educativas de acuerdo con Madrid (2014) requieren convertir las situaciones conflictivas en oportunidades para fomentar una ciudadanía democrática y pluralista que promueva la convivencia en la diversidad a través de la aceptación del disenso. Es evidente que el enfoque de la familia, la escuela y la sociedad en general, no debe ser evitar los conflictos, sino proporcionar a los miembros habilidades comunicativas, emocionales y cognitivas. Estas habilidades les permitirán resolver de manera autónoma los conflictos en sus primeras fases, manejando adecuadamente situaciones que formarán parte de los diversos escenarios de su vida.


La habilidad para comunicarse debe desarrollarse. Una buena comunicación es esencial para manejar los conflictos, dado que nos permite compartir nuestras preocupaciones, necesidades y construir conjuntamente planes de acción. Para lograr esto, es necesario adoptar una actitud autorreflexiva sobre nuestra forma de comunicarnos. Rodríguez (2006) plantea que se deben considerar los componentes paralingüísticos (tono, volumen, timbre) y no verbales (sonrisa, mirada, expresión facial) que influyen en los entornos comunicativos.


Un primer paso para mejorar la comunicación y efectividad intergrupal implica el examen de hábitos y pautas actuales. Por ejemplo, ¿cómo nos comunicamos en una situación de conflicto? ¿Interrumpimos o permanecemos en silencio? Es importante entender quiénes somos y qué queremos como comunicadores. Debemos comenzar tomando conciencia de nuestros propios valores y cómo éstos nos afectan en la comunicación con los otros. (Rodríguez, 2006, p. 286)

Entre las habilidades cognitivas a desarrollar en torno al conflicto, es primordial transformar la concepción que se tiene de él. Aunque parezca extraño, aún predominan perspectivas que niegan el conflicto, ignorando así su potencial para generar cambios tanto a nivel individual como colectivo. Además, es importante comprender a qué nos referimos cuando hablamos de él, sus causas y las diversas formas en las que se manifiesta.

Pensamiento crítico 

La capacidad de analizar y evaluar información para tomar decisiones informadas y resolver problemas de manera asertiva. 

Empatía cognitiva 

Comprender las perspectivas y emociones de los demás, lo que facilita la resolución de conflictos al reconocer y valorar las diferencias.

Resolución de problemas

Desarrollar estrategias para identificar soluciones prácticas y pertinentes para los problemas que surgen en situaciones conflictivas.

Flexibilidad cognitiva 

La habilidad para adaptarse a nuevas situaciones y considerar múltiples perspectivas y enfoques al abordar un conflicto.

Autocontrol emocional

Reconocer y gestionar las propias emociones para evitar reacciones impulsivas y mantener una actitud constructiva durante los conflictos.

Toma de decisiones

Evaluar las opciones disponibles y sus posibles consecuencias para elegir la mejor alternativa en la resolución de conflictos.

Pensamiento creativo 

Generar ideas y soluciones innovadoras para resolver conflictos de manera efectiva y pacífica.


Habilidades emocionales esenciales para la resolución de conflictos:

Autoconciencia emocional 

Reconocer y entender las propias emociones y su impacto en el comportamiento y en las interacciones con los demás.

Regulación emocional

Gestionar y controlar las propias emociones, especialmente en situaciones de estrés o conflicto, para mantener la calma y responder de manera constructiva.

Asertividad emocional

Expresar las propias emociones y necesidades de manera clara y respetuosa, sin agredir al otro, promoviendo una comunicación asertiva. 

Resiliencia emocional

La capacidad de recuperarse de experiencias negativas y mantener una actitud positiva y proactiva ante los desafíos. 

Gestión del estrés y la frustración 

Desarrollar estrategias para manejar el estrés y la frustración de manera saludable, lo que permite mantener la claridad mental en situaciones de conflicto. Esto incluye técnicas de relajación, respiración profunda, ejercicio físico, y prácticas de mindfulness, así como la capacidad de reconocer los desencadenantes de estrés y frustración y abordarlos de manera proactiva. 


El desarrollo de estas habilidades requiere un trabajo coherente y coordinado entre la familia y la escuela. La familia, al ser el primer espacio de socialización del niño (a) debe establecer las normas y valores fundamentales para la convivencia. Aunque todos los aspectos señalados anteriormente son esenciales, existe un tema particular de nuestra época que merece un análisis detallado: la sobreprotección y la frustración.


Vivir en sociedad implica reconocer que nuestras libertades individuales tienen ciertos límites para garantizar el bienestar común. No todo lo que deseamos hacer es posible o permisible, especialmente si afecta a otros. Por eso, las normas y acuerdos son esenciales para la convivencia armónica. Incluir a los niños en el proceso de aprender y comprender estas normas es crucial. No solo se trata de seguir reglas, sino de entender por qué existen y cómo contribuyen al bienestar colectivo. Al participar en la creación y aplicación de estas normas, los niños aprenden sobre responsabilidad y respeto, lo cual es vital para su desarrollo como ciudadanos conscientes y participativos en la sociedad.


Es crucial que los padres formen a sus hijos con la resiliencia necesaria para afrontar la realidad. Un ambiente demasiado protegido puede llevar a una frustración aún mayor cuando se encuentren con los inevitables desafíos de la vida. Las pérdidas y las adversidades son aspectos naturales de nuestra existencia; no preparar a los niños y niñas para manejar estas situaciones por sí mismos es negarles las herramientas esenciales para su autonomía y su bienestar emocional. 


BIBLIOGRAFÍA 

  • Gómez, J. M. R. (2006). Convivencia y conflicto educativo. Educação29(2), 285-301.

  • Hernández, A. (30 de abril de 2024) El preocupante aumento de las agresiones que sufren los profesores en el mundo. BBC. Tomado de: https://www.bbc.com/mundo/articles/c0v0n10209yo

  • Madrid, I. A. (2014). La educación ́ para la paz en Colombia: estrategias de transformación ́y resolución negociada de los conflictos. Ra Ximhai: revista científica de sociedad, cultura y desarrollo sostenible, 10(4), 313-336.

  • Reyes, E. T., & García, S. A. (2015). Convivencia con conflicto y sin violencia en la escuela: la provención como estrategia de paz. Ra Ximhai, 11(1), 19-32.


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